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	<title>Días de vino y rosas</title>
	<link>http://vinoyrosas.blogsome.com</link>
	<description>Las explicaciones no son suficientes cuando el entendimiento está dormido</description>
	<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 11:04:24 +0000</pubDate>
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		<title>Alegoría de la ignorancia</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/11/22/alegoria-de-la-ignorancia/</link>
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		<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 19:59:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>Tenía la sombra de otro. Un día de esos en los que estuvo más atento de lo habitual lo había descubierto. No era él aquella silueta oscura que se dibujaba en el suelo y que siempre le acompañaba, ya fuera a Siberia o Madagascar, a Tasmania o al Yukon. No sabía cuánto tiempo llevaba a su lado, siguiéndole hasta el lugar más recóndito por el que había pisado. Solo sabía que ahí estaba y que él no era él su dueño.</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/sombras.jpg' alt='sombras' /></p></p>
	<p>
<p>Ten&#237;a la sombra de otro. Un d&#237;a de esos en los que estuvo m&#225;s atento de lo habitual lo hab&#237;a descubierto. No era &#233;l aquella silueta oscura que se dibujaba en el suelo y que siempre le acompa&#241;aba, ya fuera a Siberia o Madagascar, a Tasmania o al Yukon. No sab&#237;a cu&#225;nto tiempo llevaba a su lado, sigui&#233;ndole hasta el lugar m&#225;s rec&#243;ndito por el que hab&#237;a pasado. Solo sab&#237;a que ah&#237; estaba y que &#233;l no era su due&#241;o.</p></p>
	<p>
<p>Desde aquel d&#237;a su vida no volvi&#243; a ser la misma. Comenz&#243; a revolver entre antiguas fotograf&#237;as intentando encontrar el momento exacto de aquella transformaci&#243;n fatal. Sin embargo, la perspectiva con la que hab&#237;an sido tomadas las fotograf&#237;as parec&#237;a no servirle y cuando le serv&#237;a, el cielo estaba demasiado nublado. Y eso es lo que &#233;l ahora buscaba, un cielo nublado que le librara de la carga que supon&#237;a tener que explicar que tienes la sombra de otra persona.</p></p>
	<p>
<p>Empez&#243; a sentirse inc&#243;modo desde el primer d&#237;a que lo supo, pero esa incomodidad se transform&#243; en humillaci&#243;n el d&#237;a en que los dem&#225;s se dieron cuenta. &#8220;Disculpa, Carlos, pero esa sombra&#8230;&#8221; &#8220;Lo s&#233;&#8221;, sol&#237;a interrumpir, &#8220;me acompa&#241;a cada d&#237;a, pero no s&#233; de qui&#233;n diablos es&#8221;. </p></p>
	<p>
<p>En fin, Carlos, que siempre hab&#237;a sido un chico normal, se hab&#237;a convertido en objeto de sorna por parte de una sociedad que ahora le exclu&#237;a. A veces se preguntaba si el due&#241;o de aquella sombra tendr&#237;a la suya. So&#241;aba con que alg&#250;n d&#237;a se encontrar&#237;an y por fin las figuras estar&#237;an con sus verdaderos due&#241;os. Pero, no nos vamos a enga&#241;ar, en el fondo sab&#237;a que eso nunca ocurrir&#237;a.</p></p>
	<p>
<p>Amargado y despreciado, atento de pisar all&#225; donde el sol no apuntaba, un buen d&#237;a descubri&#243; que las noches no eran tan seguras, ya que la luz artificial alumbraba en el interior de los edificios. Y &#233;l, que hab&#237;a pensado pasar el invierno en Noruega y el verano en Patagonia, o quiz&#225;s buscar un trabajo de noche para poder mostrar un aspecto normal ante la sociedad, se daba cuenta de que la luz artificial volv&#237;a a ponerle en aprietos. </p></p>
	<p>
<p>Sin embargo todo cambi&#243; cuando un buen d&#237;a encontr&#243; la soluci&#243;n a su terrible problema: &#8220;Ya que ella no puede ser como yo, ser&#233; yo el que sea como ella&#8221;. </p></p>
	<p>
<p>Y as&#237; fue como Carlos se convirti&#243; en quien no era, para poder ser otro en el mundo de las sombras, o como dir&#237;a Plat&#243;n, en el soterrado mundo de las apariencias, donde huimos de un sol que nos ciega, impidi&#233;ndonos ver la realidad m&#225;s profunda y completa, causa y fundamento de las apariencias sensoriales.</p></p>
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		<title>El depósito de libros mudos II</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/11/01/el-deposito-de-libros-mudos-ii/</link>
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		<pubDate>Sun, 01 Nov 2009 18:49:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Ver la Primera parte</p>

<p>Esa ma&#241;ana el sol derret&#237;a las hojas de los &#225;rboles y el roc&#237;o ca&#237;a sobre los finos charcos que yac&#237;an en el suelo, formando un espejo en el que nuestro protagonista pod&#237;a advertir su ya cansado rostro. </p>

<p>Aquel d&#237;a el viento parec&#237;a haber migrado a otro lugar, del mismo modo que lo [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src="http://kyra.blogspot.es/img/diario.jpg" alt="" /></p></p>
	<p>
<p><a href="http://vinoyrosas.blogsome.com/go.php?u=http%3A%2F%2Fvinoyrosas.blogsome.com%2F2009%2F09%2F11%2Fel-deposito-de-libros-mudos-primera-parte%2F&amp;i=0&amp;c=eefdb765fab5595fef20b41ee934730413a28aed">Ver la Primera parte</a></p></p>
	<p>
<p>Esa ma&#241;ana el sol derret&#237;a las hojas de los &#225;rboles y el roc&#237;o ca&#237;a sobre los finos charcos que yac&#237;an en el suelo, formando un espejo en el que nuestro protagonista pod&#237;a advertir su ya cansado rostro. </p></p>
	<p>
<p>Aquel d&#237;a el viento parec&#237;a haber migrado a otro lugar, del mismo modo que lo hac&#237;a nuestro amigo en este viaje sin destino que la vida le ofrec&#237;a en bandeja de bronce, como ese desayuno que nunca esperamos recibir en la cama al despertar, pero te llena el est&#243;mago tan solo de imaginar. </p></p>
	<p>
<p>El escritor, como sol&#237;a ser habitual en &#233;l, hoy tampoco hab&#237;a desayunado. Paseaba con su libro bajo el brazo, buscando uno de aquellos &#225;rboles bajo a los que a uno le dan ganas de leer o escribir, e intent&#243; comenzar la lectura no sin antes observar ese inmenso cielo por el que sobrevolaban mil y un p&#225;jaros.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;Se ha escrito mucho sobre el cielo&#8221;, pens&#243;. &#8220;Para unos el Para&#237;so, para otros puerta de salida del planeta. Para m&#237;, la ceguera&#8221;. Esos espect&#225;culos que la naturaleza ofrec&#237;a gratuitamente le robaban la visi&#243;n de la misma manera que lo hac&#237;an las hojas que ahora intentaba leer en vano.</p></p>
	<p>
<p>Al abrir el libro not&#243; que el ave deshilachada que estaba bordada en el lomo hab&#237;a desaparecido. Mir&#243; al cielo e imagin&#243; que habr&#237;a volado con los dem&#225;s p&#225;jaros como tambi&#233;n lo habr&#237;an hecho las letras. Estupideces que se le ocurren a uno cuando no ha tenido una noche tranquila, pens&#243;. Le costaba conciliar el sue&#241;o y durante el d&#237;a sus p&#225;rpados se desplomaban para desplazarle hacia un sue&#241;o que parec&#237;a casi real. </p></p>
	<p>
<p>Comenz&#243; la lectura y, tras varios minutos paralizado ante las p&#225;ginas en blanco, se pregunt&#243; qu&#233; demonios hac&#237;a all&#237; &#191;qu&#233; hac&#237;a sosteniendo ese libro entre sus manos? Estar&#233; perdiendo vista, o quiz&#225;s nunca la tuve, se preguntaba. El viejo escritor, por primera vez en mucho tiempo se dedicaba unos minutos, esta vez no le&#237;a a otros ni escrib&#237;a para otros, ahora &#233;l era el protagonista de una historia que se le presentaba ajena y narrada en la lejan&#237;a por un novelista amateur.</p></p>
	<p>
<p>Escritor oficial y aprendiz de su propia vida, en eso se hab&#237;a convertido. No sabe como ni por qu&#233; pero en este instante medita sobre algo en lo que nunca ha reparado. Acaba de caer en la trampa tendida por aquellos silenciosos libros, que con la blancura de sus p&#225;ginas pintan su anciana mente de vagos pensamientos hasta ahora enterrados bajo una losa de robustas letras.</p></p>
	<p>
<p>Pronto concluy&#243; que aquello no era un libro, era el diario que nunca se dedic&#243;.</p></p>
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		<item>
		<title>El depósito de libros mudos (Primera parte)</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/09/11/el-deposito-de-libros-mudos-primera-parte/</link>
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		<pubDate>Fri, 11 Sep 2009 19:08:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Tenía un trozo de papel en su mano derecha y su cuerpo giraba a la izquierda en dirección a la biblioteca de la ciudad. Algunos decían que era un viajero fanfarrón, otros lo llamaban coleccionista de impresiones, pero él solía referirse a sí mismo como "un viejo escritor de costumbres".</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/libros.jpg' alt='libros mudos' /></p></p>
	<p>
<p>Ten&#237;a un trozo de papel en su mano derecha y su cuerpo giraba a la izquierda en direcci&#243;n a la &#250;nica biblioteca con la que contaba la ciudad. Algunos dec&#237;an que era un viajero fanfarr&#243;n, otros lo llamaban coleccionista de impresiones, pero &#233;l sol&#237;a referirse a s&#237; mismo como &#8220;un viejo escritor de costumbres&#8221;.</p></p>
	<p>
<p>Hoy llegaba a aquella extra&#241;a ciudad en busca de algo qu&#233; leer, algo en qu&#233; basar sus m&#225;s ansiados escritos, esos que luego te&#241;ir&#237;a de mil anotaciones con el fin de adornar su creaci&#243;n maestra. </p></p>
	<p>
<p>Al entrar en la biblioteca avist&#243; tres grandes estanter&#237;as y pronto comenz&#243; a pasear su mirada por la que estaba en el centro, que tambi&#233;n era la m&#225;s grande del habit&#225;culo. &#8220;Los libros parecen ser a&#250;n m&#225;s antiguos que el propio lugar en cual descansan&#8221;, pensaba mientras paseaba por un l&#250;gubre pasillo de suelo rallado y ambiente polvoriento. </p></p>
	<p>
<p>Dio un par de vueltas m&#225;s hasta tomar entre sus manos uno de aquellos ejemplares. Lo hizo al azar pues no ve&#237;a en el lomo ninguna inscripci&#243;n que le aportara pista alguna sobre su contenido, de modo que al abrirlo comenz&#243; a balancear p&#225;ginas de un lado a otro. Nada hab&#237;a escrito, s&#243;lo hojas en blanco. &#8220;Qu&#233; raro&#8221;, pens&#243;. Tom&#243; otro y otro, hasta veinte ejemplares cayeron en sus arrugadas manos mientras la misma escena se presentaba ante sus ojos: p&#225;ginas en blanco de libros sin autor, sin t&#237;tulo ni editor, sin nada perceptible a la vista.</p></p>
	<p>
<p>En ese instante ech&#243; una mirada a su alrededor, los usuarios de aquella biblioteca, que &#233;l mismo acababa de bautizar como &#8220;el dep&#243;sito libros mudos&#8221;, iban recogiendo sus libros sin dilaci&#243;n. Algunos escog&#237;an los del estante superior, otros necesitaban flexionar sus rodillas para alcanzar los de la parte baja, mientras &#233;l observaba a toda aquella gente con una mezcla de admiraci&#243;n y desconfianza.</p></p>
	<p>
<p>Sin pensarlo, el escritor, que se llamaba a s&#237; mismo de este modo para que pudieran situarle en la homenajeada comunidad de fabricantes de letras, pregunt&#243; al bibliotecario qu&#233; demonios estaba pasando, por qu&#233; la gente tomaba prestados esos libros vac&#237;os, qu&#233; clase de locura era aquella. </p></p>
	<p>
<p>&#8220;As&#237; que vac&#237;os&#8230; &#191;de verdad que no puede ver nada?&#8221;. El afamado escritor, indignado por la insolencia y menosprecio con el que el responsable de la biblioteca le hab&#237;a tratado, sinti&#243; tocado su orgullo de intelectual y se gir&#243; con semblante irritado hacia la puerta de salida.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;&#161;Ll&#233;vese uno, en 15 d&#237;as le dar&#225; tiempo a leerlo!&#8221;. El escritor se dio media vuelta y tras pensar durante un minuto (que para &#233;l fue corto pero que el bibliotecario interpret&#243; como un fuerte signo de indecisi&#243;n) se dirigi&#243; de nuevo a la estanter&#237;a central. Escogi&#243; un libro que ten&#237;a la cubierta de un color azul cielo, no tendr&#237;a m&#225;s de 50 p&#225;ginas y en cuyo lomo hab&#237;a bordado un p&#225;jaro ya deshilachado. </p></p>
	<p>
<p>&#8220;Me llevo este&#8221;<br />
&#8220;Una gran elecci&#243;n, s&#237; se&#241;or. Le gustar&#225;. Que tenga un buen d&#237;a&#8221;.<br />
&#8220;S&#237;&#8230; ya le contar&#233;&#8230; buenos d&#237;as&#8221;</p></p>
	<p>
<p>Al dirigirse a la puerta de salida se cruz&#243; con una ni&#241;a que llevaba apretado contra el pecho otro de aquellos libros en blanco. El escritor la mir&#243; con recelo y sali&#243; de aquel lugar pensando que alg&#250;n tipo de extra&#241;a locura se hab&#237;a apoderado de los habitantes de aquella ciudad.</p></p>
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	</item>
		<item>
		<title>No le hables del mar</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/08/25/no-le-hables-del-mar/</link>
		<comments>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/08/25/no-le-hables-del-mar/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2009 16:16:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Ah&#237; est&#225; sentado el marinero en la cubierta de su barco, observando las olas romper contra la proa, escuchando gaviotas volar en la lejan&#237;a e inhalando el aroma salado que le regala el ambiente, siempre ajeno a todo lo que en la tierra acontece.</p>

<p>Amaba el mar por su exclusiva localizaci&#243;n entre el cielo y la [...]</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/notiene.jpg' alt='' /></p></p>
	<p>
<p>Ah&#237; est&#225; sentado el marinero en la cubierta de su barco, observando las olas romper contra la proa, escuchando gaviotas volar en la lejan&#237;a e inhalando el aroma salado que le regala el ambiente, siempre ajeno a todo lo que en la tierra acontece.</p></p>
	<p>
<p>Amaba el mar por su exclusiva localizaci&#243;n entre el cielo y la tierra, era su especie de purgatorio personal donde so&#241;aba despierto que estaba solo y que no necesitaba m&#225;s que ese trozo de acero que le hac&#237;a flotar en el agua. Por encima de las nubes quedaba el para&#237;so so&#241;ado donde &#233;l no ir&#237;a nunca pues desde que el ozono se hizo a&#241;icos hasta los mismos &#225;ngeles ard&#237;an, convirti&#233;ndose el cielo en el peor de los infiernos, aquel lugar que se encuentra en los bajos fondos del s&#243;tano terrenal y del cual nuestro amigo se proteg&#237;a con las olas.</p></p>
	<p>
<p>Al caer la tarde el marinero asaba algunas sardinas que &#233;l mismo hab&#237;a pescado en la ma&#241;ana y ya en la sobremesa se sentaba de nuevo en la cubierta para observar las estrellas estampadas en el negro tel&#243;n que acaba de caer a sus pies. A veces se preguntaba si era la vida un cuento que otros narraban o si era &#233;l mismo qui&#233;n la escrib&#237;a. No sab&#237;a nada sobre filosof&#237;a, pero durante esas largas noches en la soledad de su barco, s&#243;lo frente al silencio del mundo, sol&#237;a sentirse naufrago de s&#237; mismo y salvavidas de su destino. En las noches de tormenta, cuando el agua del cielo se mezclaba con la del mar, sol&#237;a temblar. No ten&#237;a miedo a la muerte, ni siquiera a ser olvidado, s&#243;lo tem&#237;a que su desaparici&#243;n pasara desapercibida para el resto de la humanidad.</p></p>
	<p>
<p>M&#225;s tarde, cuando se cansaba de mirar al firmamento y de contar estrellas en la oscuridad del alta mar, era cuando sol&#237;a encerrarse en su peque&#241;o camarote. Poca cosa hab&#237;a en &#233;l aparte de una cochambrosa cama, una mesa con su silla y una papelera llena de cartas que nunca terminaba. </p></p>
	<p>
<p>Hab&#237;a tenido tantas amantes que le era imposible recordar el nombre de todas, as&#237; que un d&#237;a decidi&#243; escribir una carta a cada una de ellas pidi&#233;ndoles disculpas por el terrible olvido. Como sab&#237;a que las cartas no las podr&#237;a enviar nunca, las iba guardando inacabadas en una papelera que nunca vaciaba para as&#237; dejar constancia de su intento por ser educado con la memoria. Hoy comienza con otra de ellas.</p></p>
	<p>
<p>Es tarde y nuestro peque&#241;o marinero echa el cierre de sus ojos. Antes de empezar con su primer sue&#241;o vuelve a repetirse una vez m&#225;s lo que ya todos sabemos, que el camino es inacabable y la vida demasiado corta para hacerlo a pie. Por eso eligi&#243; el barco, que sin prisa le ayuda a navegar por la inmensidad de este mundo que &#233;l a&#250;n no conoce.</p></p>
	<p>
<p>Ni siquiera sab&#237;a nadar, pero era consciente de que nunca se hundir&#237;a en las profundidades marinas porque tarde o temprano lograr&#237;a salir a flote. No esperaba nunca que nadie le rescatara, pues tan s&#243;lo se ten&#237;a a s&#237; mismo y sab&#237;a que si alg&#250;n d&#237;a aprend&#237;a a conducir su barco, dejar&#237;a de navegar a la deriva y llegar&#237;a por fin a ser capit&#225;n de su propia embarcaci&#243;n.</p></p>
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	</item>
		<item>
		<title>Un cuento para el destino</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/07/08/un-cuento-para-el-destino/</link>
		<comments>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/07/08/un-cuento-para-el-destino/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 Jul 2009 16:13:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>Abrió el libro y el viento descolocó las páginas con la misma velocidad con la que los pensamientos confunden a las personas.</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/ampa_01.jpg' alt='' /></p></p>
	<p>
<p>Abri&#243; el libro y el viento descoloc&#243; las p&#225;ginas con la misma velocidad con la que los pensamientos confunden a las personas. Comenz&#243; la lectura&#8230;</p></p>
	<p>
<p><em>Deambulaba perdida y sola por un camino de amapolas que se marchitaban a cada paso que daba. El rumbo no lo fijaba ella, se lo daban hecho. Y es que todo es igual en la ciudad de la ignorancia, un lugar en el que la inteligencia es destronada en favor de los m&#225;s &#8216;listos&#8217;, donde es tarea primordial el aspirar m&#225;s y m&#225;s basura hasta llegar a las m&#225;s altas cumbres, donde la asfixia se hace evidente al desgarrarnos la respiraci&#243;n asistida que hasta ahora nos manten&#237;a con vida.</p></p>
	<p>
<p>Por ese camino saturado de causas y azares paseaban siempre los mismos: vengadores sin raz&#243;n que pretenden colgar medallas en sus vac&#237;as solapas, buscadores de objetivos sin meta que hacen trampas al destino o luchadores sin causa que buscan un traje que lucir el d&#237;a de su boda con la decepci&#243;n.</p></p>
	<p>
<p>Y nunca, nunca m&#225;s podr&#225;n dormir, porque en la aldea de los sin nombre el ruido se mece en una cuna nocturna al comp&#225;s de la miseria moral y las amapolas hace tiempo que dejaron de crecer. La brisa s&#243;lo empuja piedras contra piedras en un pueblo que un d&#237;a fue pueblo.<br />
</em><br />
Entonces apag&#243; la vela y cerr&#243; aquel libro sin terminar, que sin ser viejo ten&#237;a polvo, y cuya tinta a&#250;n manchaba las p&#225;ginas que a&#250;n faltaban por escribir.</p></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Peor para el Sol</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/06/17/peor-para-el-sol/</link>
		<comments>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/06/17/peor-para-el-sol/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 21:11:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>Amanece.</p>

<p>El rimel se desliza por las mejillas de una mujer que fuma en un bar. Mientras, un hombre la observa desde la barra. Tres ni&#241;os se zambullen en un lago de los Alpes. Un profesor de matem&#225;ticas corrige con bol&#237;grafo rojo una ecuaci&#243;n infantil. Las manos de dos personas se unen bajo la mesa de [...]</p>
]]></description>
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<p><img src='/images/soles.jpg' alt='sol' /></p></p>
	<p>
<p>Amanece.</p></p>
	<p>
<p>El rimel se desliza por las mejillas de una mujer que fuma en un bar. Mientras, un hombre la observa desde la barra. Tres ni&#241;os se zambullen en un lago de los Alpes. Un profesor de matem&#225;ticas corrige con bol&#237;grafo rojo una ecuaci&#243;n infantil. Las manos de dos personas se unen bajo la mesa de un restaurante. Un anciano besa la frente de su mujer. Un perro abandonado mira la escena. Alguien besa el aire, otro lo abraza. </p></p>
	<p>
<p>Atardece.</p></p>
	<p>
<p>Dos amantes se despiden en una estaci&#243;n de tren mientras la nieve impregna sus abrigos en una g&#233;lida tarde de invierno. Un ni&#241;o le pregunta a su padre por qu&#233; lloran. La sombra de la tarde camina cansada de vuelta a casa. Un hombre le grita a su mujer mientras &#233;sta derrama en el suelo sus &#250;ltimas l&#225;grimas. Una adolescente acude al encuentro de su nuevo amor en una calurosa tarde de primavera. Un grupo de gente llora alrededor de una caja de madera que se introduce en un profundo hoyo. Un padre convence a su hija de que no ser&#225; capaz. En la lejan&#237;a se escucha una canci&#243;n que no termina de entenderse, alguien intenta afinar su o&#237;do y apuntar la letra. </p></p>
	<p>
<p>Anochece.</p></p>
	<p>
<p>Una persona cualquiera observa con mirada ausente una foto. Suena un m&#243;vil que nadie coger&#225;. Cuatro amigos caminan al bar de siempre, mientras en un  piso ella comparte con las ventanas su soledad. Un mendigo recoge de un contenedor las partituras de una melod&#237;a sin clave ni comp&#225;s. Alguien sue&#241;a con trenes que no llegan a su destino. Otros hace tiempo que dejaron de so&#241;ar.</p></p>
	<p>
<p>Cae la noche.. y todos ellos duermen.</p></p>
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		<title>La idea (2ª parte)</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/04/16/p101/</link>
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		<pubDate>Thu, 16 Apr 2009 19:24:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Comenzaba aqu&#237;</p>

<p>Digamos que la extroversi&#243;n no era uno de sus grandes dotes. El protagonista de este retazo de historia, de edad indefinida y de aburrida vida, no ten&#237;a apenas vida social. Callado, serio, gris y en ocasiones infantil, viv&#237;a resign&#225;ndose a la resignaci&#243;n, adorando la pasividad con la que su vida transcurr&#237;a a trav&#233;s de [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>Comenzaba <a href="http://vinoyrosas.blogsome.com/go.php?u=http%3A%2F%2Fvinoyrosas.blogsome.com%2F2009%2F04%2F11%2Fla-idea%2F&amp;i=0&amp;c=6ef6c963e4ce76037463ebe924950d837258b775">aqu&#237;</a></p></p>
	<p>
<p>Digamos que la extroversi&#243;n no era uno de sus grandes dotes. El protagonista de este retazo de historia, de edad indefinida y de aburrida vida, no ten&#237;a apenas vida social. Callado, serio, gris y en ocasiones infantil, viv&#237;a resign&#225;ndose a la resignaci&#243;n, adorando la pasividad con la que su vida transcurr&#237;a a trav&#233;s de un camino recto, sin atajos ni v&#237;as secundarias, a fin de cuentas, su vida no era camino, era v&#237;a de tren.</p></p>
	<p>
<p>El muchacho pertenec&#237;a a ese tipo de gente con la que te cruzas alguna vez en la vida y de los que no te queda ning&#250;n recuerdo. Era de esos que no se comprometen a nada, y si alguna vez lo hizo, no quisi&#233;ramos nosotros saber el paradero de sus intenciones. Era un mendigo de la esperanza, un solitario que era hu&#233;rfano de alma siendo m&#225;rtir de la miseria m&#225;s profunda, aquella que llevamos dentro. Un esclavo que no est&#225; preso y un muerto que a&#250;n respiraba no pod&#237;a ampararse en nada que no fuera la soledad, seguramente lo &#250;nico que le queda a alguien que ha besado los labios de la desesperaci&#243;n mientras abrazaba arrodillado la cintura de la muerte. </p></p>
	<p>
<p>Sin embargo, no nos olvidemos de que ahora ten&#237;a su idea.</p></p>
	<p>
<p>Un s&#225;bado como cualquier otro son&#243; el telefono. Alguien que no se puede llamar amigo pero s&#237; conocido le estaba invitando a salir de copas. Pero, seamos claros, a nuestro protagonista nunca le gustaron las reuniones sociales al son de la m&#250;sica, nunca bail&#243; pues no ten&#237;a ning&#250;n motivo que le impulsara a ello y tampoco era de su agrado el tener que elevar la voz por encima del sonido de los altavoces. &#8220;No, lo&#8230; lo siento, hoy no puedo&#8221;. </p></p>
	<p>
<p>Colg&#243;, se sent&#243; en el viejo sill&#243;n y sigui&#243; pensando en ella&#8230; </p></p>
	<p>
<p>&#8220;Puede que aquel que inventara el fuego, muriera entre las llamas, puede ese otro que hizo girar la primera rueda muriera atropellado y es posible, incluso, que aquel que invent&#243; la palabra se quedara mudo, como Bethoveen se qued&#243; sordo o como Freud perdi&#243; el juicio&#8221;.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;Todo nuevo pensamiento ha sido siempre rechazado y toda idea diferente, lapidada&#8221; pens&#243; nuestro protagonista. Porque claro &#8220;&#191;C&#243;mo creer en algo que nunca has visto?&#8221; </p></p>
	<p>
<p>No supo responder.</p></p>
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		<title>La idea</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Apr 2009 18:05:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Escuchen bien lo que voy a contarles. Esta no es una historia de pasi&#243;n, ni dolor, ni siquiera de venganza. Es un retazo del pasado vestido de futuro, una l&#225;grima que nunca lleg&#243; a caer y que se qued&#243; enredada en el regazo de una hiena que mat&#243; a sus hijos para poder vivir, que [...]</p>
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<p><img src="http://api.ning.com/files/4ZxGgdbKEVHpnymSR*-JZZzLIy5aWaKyOaJX*P9mTmnja1DUVTsEwXLp2usrDUk9gTJR*DxAOXwvZmCeHByPXo9NPDxZ1Ywt/mass_media.jpg" alt="exceso de informaci&#243;n" /></p></p>
	<p>
<p>Escuchen bien lo que voy a contarles. Esta no es una historia de pasi&#243;n, ni dolor, ni siquiera de venganza. Es un retazo del pasado vestido de futuro, una l&#225;grima que nunca lleg&#243; a caer y que se qued&#243; enredada en el regazo de una hiena que mat&#243; a sus hijos para poder vivir, que comi&#243; sus entra&#241;as para seguir caminando por la sabana, orgullosa ella, de haber salido adelante. Empecemos&#8230;</p></p>
	<p>
<p>Cada d&#237;a compraba el peri&#243;dico, lo revisaba de final a principio, eludiendo las p&#225;ginas de los deportes y centr&#225;ndose en aquellas que desgranaban la econom&#237;a y sus misterios. No hab&#237;a noticias nuevas, ning&#250;n dato alentador que indicara la salida de la crisis, ninguno que le diera la esperanza de encontrar un nuevo empleo.</p></p>
	<p>
<p>Remodelaci&#243;n de Gobiernos, expedientes de regulaci&#243;n y qui&#233;n sabe qu&#233; otras barbaridades&#8230; Luego estaba la Iglesia, luchando impetuosa contra el aborto y por la vida, mientras en sendas procesiones r&#237;os de sangre ca&#237;an por las espaldas de sus feligreses. Dec&#237;an que los curas se bajar&#237;an el sueldo para luchar contra el paro&#8230; d&#237;as despu&#233;s un terremoto sacud&#237;a la tierra cerca del Vaticano.</p></p>
	<p>
<p>Su vida en esencia no distaba mucho de la del resto de la poblaci&#243;n: com&#237;a, trabajaba, dorm&#237;a cuando pod&#237;a&#8230; a veces tambi&#233;n se entreten&#237;a jugando al mus con sus viejos amigos.</p></p>
	<p>
<p>Un buen d&#237;a nuestro amigo, cansado ya de leer, escuchar e incluso hablar, tuvo una idea. No era digna de un genio, ni de un erudito pensador, para qu&#233; enga&#241;arnos, pero era suya. Hac&#237;a tiempo que las ideas propias se hab&#237;an extinguido, todas hab&#237;an pertenecido a otros en el pasado, todo estaba ya inventado, y si no era as&#237;, la mayor&#237;a se basaba en algo ya creado. Parece que ahora nadie pensaba por s&#237; mismo, por miedo quiz&#225;s a considerar estupidez algo que carec&#237;a de base verificable.  </p></p>
	<p>
<p>Y as&#237; fue como el protagonista del relato, orgulloso de su logro, escondi&#243; su idea en una vieja caja de cart&#243;n All&#237; la encerr&#243; pues no ten&#237;a una de metal y tampoco dispon&#237;a de mucho tiempo. Era menester el impedir que otro se la robara e hiciera suyo aquello que le pertenec&#237;a. Y mientras la escond&#237;a, en su cabeza retumbaba una y otra vez el terrible pensamiento de que quiz&#225;s esa idea ya tuviera due&#241;o.  Y as&#237;, como aquel que esconde algo que no es suyo, cerr&#243; la caja y escribi&#243; en may&#250;sculas: &#8220;M&#205;A&#8221;.</p></p>
	<p>
<p><em>Tras el puente continuar&#233; con la historia de este modesto hombre y su reciente descubrimiento.</em></p></p>
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		<title>La planta envenenada</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/02/12/la-planta-envenenada/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Feb 2009 13:40:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>Al final del camino de las ilusiones se encuentra el pantanoso terreno de la decepci&#243;n. Esta nos lleva y nos empuja all&#237; donde la esperanza no es m&#225;s que un torniquete que intenta contener a duras penas el desangrado de un mundo roto.</p>

<p>El derramamiento de l&#225;grimas ha ahogado en un mar de escepticismo a millones [...]</p>
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<p>Al final del camino de las ilusiones se encuentra el pantanoso terreno de la decepci&#243;n. Esta nos lleva y nos empuja all&#237; donde la esperanza no es m&#225;s que un torniquete que intenta contener a duras penas el desangrado de un mundo roto.</p></p>
	<p>
<p>El derramamiento de l&#225;grimas ha ahogado en un mar de escepticismo a millones de personas que nadaron por llegar a alguna orilla en la cual descansar, dejando tras de s&#237; la b&#250;squeda de una salvaci&#243;n que nunca existi&#243;.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;No quiero que me escuches cuando te miento, tapa tus o&#237;dos y sigue durmiendo&#8221;, se dice alguien a s&#237; mismo. Pero se despierta a medianoche pues las pesadillas no le dejan pegar ojo y las mentiras que se cuenta a diario no le permiten escuchar nada. Pronto se quedar&#225; sordo. Sue&#241;a cada d&#237;a que conduce con torpeza por una carretera sin se&#241;alizar, sue&#241;a que alg&#250;n d&#237;a conduzce su propia vida.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;Miren, creo que no lo merezco&#8221;. &#191;Qui&#233;n lo dice? &#191;Qui&#233;n juzga lo que t&#250; mereces o no? &#191;Qu&#233; te hace pensar que es un premio o un castigo aquello que tienes? La vida no es una proeza o un calvario, no tenemos por qu&#233; colgarnos medallas o colgarnos de una cuerda hasta dejar de respirar. No es eso correcto y en verdad nada lo es. S&#243;lo conocemos aquello que no es acertado y con eso deber&#237;a bastarnos.</p></p>
	<p>
<p>Cuando era peque&#241;a no preguntaba de d&#243;nde ven&#237;an los ni&#241;os, sino ad&#243;nde se dirig&#237;an. Mi abuela siempre me respond&#237;a con el mismo refr&#225;n: &#8220;sabemos de d&#243;nde venimos, pero no ad&#243;nde vamos&#8221;. Yo le contestaba que no era cierto, qu&#233; ni siquiera sab&#237;amos c&#243;mo se cre&#243; el mundo. Y esa inc&#243;gnita fue uno de los grandes dilemas de mi infancia. </p></p>
	<p>
<p>El miedo m&#225;s profundo del ser humano se resume en un &#8216;no conocer&#8217; y eso puede ocurrir cuando imaginamos un desconocido futuro. Si una ciudad es bombardeada, sus habitantes temen a una muerte pr&#243;xima; cuando alguien abandona una forma vida, le teme a una nueva rutina; si el tren que cada ma&#241;ana tomamos no aparece, imaginamos que algo raro sucede. Es el pensamiento contra&#237;do de un querer y no poder, es la semilla maldita de una planta envenenada, es el &#250;nico calor que nos puede dar la soledad y que solo desaparece al borrar los esquemas que dominan nuestra vida.</p></p>
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		<title>Pensamientos</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/01/19/pensamientos/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2009 17:58:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>Alguien se balancea en una vieja mecedora mientras mira cada d&#237;a el atardecer por su ventana. Observa pero no ve, piensa pero no entiende, cree pero no conoce. Muere un d&#237;a m&#225;s y el cuarto vuelve a vestirse de silencio, ese que ella no oye, quiz&#225;s porque la mudez del ambiente tampoco se oiga y [...]</p>
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<p>Alguien se balancea en una vieja mecedora mientras mira cada d&#237;a el atardecer por su ventana. Observa pero no ve, piensa pero no entiende, cree pero no conoce. Muere un d&#237;a m&#225;s y el cuarto vuelve a vestirse de silencio, ese que ella no oye, quiz&#225;s porque la mudez del ambiente tampoco se oiga y tan solo se perciba. </p>
	<p>Las notas de piano comienzan a sonar de nuevo, emiten una melod&#237;a que a nuestra amiga le es familiar. Sus ojos ya no miran por la ventana, ahora busca el origen del sonido pero no lo encuentra, a pesar de que lleva a&ntilde;os indagando la fuente desde la que fluyen esas notas que cada d&#237;a la visitan y que ella nunca sabr&#237;a tocar.</p>
	<p>Aquellas notas musicales entorpecen sus tardes porque no le dejan escuchar el silencio que se esconde tras el sonido, aquel que est&#225; eternamente y que nunca desaparece, aquel que se entierra y se deja eclipsar tan f&#225;cilmente por lo ac&#250;stico. Y sabe que sin silencio nunca podr&#225; ver m&#225;s all&#225; de su ventana, porque ese sonido est&#225; empa&ntilde;ando sus cristales.</p>
	<p>Y cada tarde vienen a por ella, la amordazan, echan gasolina sobre sus recuerdos para posteriormente hacerlos desaparecer, dejando en su lugar aquellos que ellas consideran que merecen seguir ah&#237;, esos que se salvaron de la caza de brujas blindados contra cualquier persecuci&#243;n desalmada, porque ellas son m&#225;s r&#225;pidas y nuestra amiga, por su parte, sigue balance&#225;ndose en su vieja mecedora.&nbsp; 
</p></p>
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		<title>Que vuelvan al mar</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2009/01/06/que-vuelvan-al-mar/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Jan 2009 20:56:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Política</category>
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>So&#241;&#243; que las sirenas surcaban el mar rompiendo sus calmadas aguas. Nadaban y se sumerg&#237;an, sal&#237;an a la superficie y se zambull&#237;an de nuevo. Pero las olas comenzaron a romper con m&#225;s fuerza contra las rocas del acantilado. Las sirenas segu&#237;an nadando, moviendo de un lado a otro sus aletas, mientras la marea las [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/palestina.jpg' alt='Palestina' /> </p></p>
	<p>
<p>So&#241;&#243; que las sirenas surcaban el mar rompiendo sus calmadas aguas. Nadaban y se sumerg&#237;an, sal&#237;an a la superficie y se zambull&#237;an de nuevo. Pero las olas comenzaron a romper con m&#225;s fuerza contra las rocas del acantilado. Las sirenas segu&#237;an nadando, moviendo de un lado a otro sus aletas, mientras la marea las arrastraba indefensas hasta la orilla. All&#237;, presas del p&#225;nico, intentaron volver al mar con todas sus fuerzas, pero hab&#237;a un muro, un bloque de cemento inmenso que les imped&#237;a volver a su vida, al mar.</p></p>
	<p>
<p>Garabatos infantiles dibujan tanques en las paredes. El conflicto se hab&#237;a recrudecido y los toques de queda dejaron de ser una loter&#237;a para convertirse en el pan de cada d&#237;a. Sonaban cada vez m&#225;s temprano y ya apenas esperaban a la ca&#237;da del Sol. Al sonar las primeras alarmas, los ni&#241;os sol&#237;an jugar a qui&#233;n lograba llegar primero a la gran casa derrumbada, una de las m&#225;s grandes de Gaza hasta que dej&#243; de estar en pie. Otros por su parte prefer&#237;an hacer apuestas sobre si ese d&#237;a la escuchar&#237;an o sobre cuantos caer&#237;an esta vez. </p></p>
	<p>
<p>Y mientras apuestas y juegos de ni&#241;os inundaban Gaza, lejos de all&#237;, al otro lado del control policial israel&#237;, se encuentra un joven licenciado en Biolog&#237;a que trabaja recogiendo la basura que los israel&#237;es desechan en Jerusal&#233;n. El joven comparte casa con sus cinco hermanos, todos m&#225;s peque&#241;os que &#233;l y todos le acompa&#241;aban cada d&#237;a al basurero de Hebr&#243;n.</p></p>
	<p>
<p>En Bel&#233;n Dunia camina hacia una monta&#241;a tras la cual el Sol enciende ya las primeras luces de su propio funeral, esperando que pronto las estrellas bombardeen el cielo. All&#237; el centro del universo se derrumba ante los pies de la cuidad donde en m&#225;s de una ocasi&#243;n Dunia vio caer algo m&#225;s, algo que ahora se hunde a pocos kil&#243;metros de all&#237;.</p></p>
	<p>
<p>Un dios cuyo hijo naci&#243; en su ciudad cre&#243; el absurdo milagro de la vida para que ellos mismos se la quitaran, bombardearan sus corazones y regaran con sangre los cultivos del otro holocausto. Y cada d&#237;a exhalan el olor que desprende la carne rota, al tiempo que sienten los vaivenes de un tren que les lleva directos al ocaso.</p></p>
	<p>
<p>Y mientras, Dunia recuerda las sirenas de su sue&#241;o, las que no pod&#237;an volver al mar. Esas sirenas viv&#237;an ahogadas como lo hace su pueblo, cercadas por un muro que les imped&#237;a volver al mar, ese lugar que era su hogar y que le arrebataron. Sin embargo, al despertar descubre que las &#250;nicas sirenas vivas que habitan Palestina son las de la guerra y que el mar est&#225; muerto y cada d&#237;a m&#225;s lejos.</p></p>
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	</item>
		<item>
		<title>Los ignorados y el ángel que no podía volar</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/12/20/los-ignorados-y-el-angel-que-no-podia-volar/</link>
		<comments>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/12/20/los-ignorados-y-el-angel-que-no-podia-volar/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 20 Dec 2008 15:06:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Vida</category>
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		<description><![CDATA[<p>Todos los a&#241;os organizaban un bel&#233;n viviente en el colegio, pero no fue hasta segundo cuando representamos el primero. La profesora nos reuni&#243; a todos para darnos los papeles. No recuerdo todos, pero s&#237; algunos: Estela ser&#237;a la virgen, Rosa una pastora, David San Jos&#233;, y yo el &#225;ngel. </p>

<p>En verdad todas las ni&#241;as [...]</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/angel.jpg' alt='angel' /> </p></p>
	<p>
<p>Todos los a&#241;os organizaban un bel&#233;n viviente en el colegio, pero no fue hasta segundo cuando representamos el primero. La profesora nos reuni&#243; a todos para darnos los papeles. No recuerdo todos, pero s&#237; algunos: Estela ser&#237;a la virgen, Rosa una pastora, David San Jos&#233;, y yo el &#225;ngel. </p></p>
	<p>
<p>En verdad todas las ni&#241;as quer&#237;an ser virgen, pero yo lo quer&#237;a ser es pastora. Deseaba llevar delantal, pa&#241;uelo a la cabeza, zapatillas de esparto y bailar con una cesta en la mano. Formar parte del portal de Bel&#233;n era aburrido y ser &#225;ngel mucho m&#225;s, pues era el &#250;nico personaje que no ten&#237;a que hacer absolutamente nada.</p></p>
	<p>
<p>Y ah&#237; ve&#237;a a Estela y a David, <a href="http://vinoyrosas.blogsome.com/go.php?u=http%3A%2F%2Fvinoyrosas.blogsome.com%2F2008%2F09%2F21%2F62%2F&amp;i=0&amp;c=592b3705252844b1e7e6945b5d86097280a7e55e">mi novio por aquellos tiempos, </a>con su beb&#233;. Y yo, incrustada en mi inmovilidad, les observaba con celos como tambi&#233;n lo hac&#237;a con los pastores en movimiento. Le preguntaba a la profesora por qu&#233; ten&#237;a que ser precisamente yo el &#225;ngelito, ella me sonre&#237;a y me contestaba que no pod&#237;a ser de otro modo, que ten&#237;a cara de &#225;ngel. En el fondo el papel me ven&#237;a bien, no ten&#237;a los quebraderos de cabeza de mis compa&#241;eros que no acertaban con los bailes o guiones, y adem&#225;s, ten&#237;a suerte de no haber sido el buey, como le hab&#237;a pasado al pobre Alberto.</p></p>
	<p>
<p>Cada d&#237;a de ensayo dispon&#237;a de todo el tiempo del mundo para evadirme y observar al resto desde lo alto de la mesa donde me tocaba estar. Y con esa observaci&#243;n diaria conclu&#237; que tampoco quer&#237;a ser pastora. As&#237; fue como mi atenci&#243;n se desvi&#243; hac&#237;a otro lugar hasta fijarla en un grupo de compa&#241;eros que se situaban a un lado fuera del escenario. Parec&#237;a que estaban de prestado, pero eran ellos los aut&#233;nticos protagonistas, esos que parec&#237;an ninguneados pero que estaban ah&#237;, haciendo ruido, unos con un tri&#225;ngulo de metal, otros con flautas y algunos golpeando un par de mazas de madera. Desde aquel d&#237;a mi atenci&#243;n se centr&#243; en ellos, quer&#237;a que tocaran m&#225;s alto, que se hicieran notar y que todas las miradas fueran a ellos y no a la virgen, ni a san Jos&#233;, ni siquiera a los pobres pastores. Ya no ten&#237;a celos de ninguno de ellos, la tarea que hac&#237;an los ni&#241;os de la banda musical era mucho m&#225;s laboriosa y admirable.</p></p>
	<p>
<p>La tarde anterior al d&#237;a de la representaci&#243;n hab&#237;a comprado dos cartulinas blancas que recort&#233; en forma de alas, utilic&#233; pegamento y las llen&#233; de trozos de algod&#243;n. Pero mi torpeza era mayor en mi ni&#241;ez, as&#237; que al d&#237;a siguiente, llevando un vestido blanco hasta los pies, me resbal&#233; mientras simulaba volar sorteando los charcos. Me ca&#237; y me estropee las alas, que pasaron a parecer un churro de barro anudadas a mi espalda con ayuda de una goma, la misma con la que jugaba con mis amigas por las tardes y que aquel d&#237;a romp&#237; para poder &#8216;volar&#8217;. Me ca&#237; y el vestido blanco se manch&#243; tambi&#233;n de barro y de la roja mercromina que goteaba de mi codo.</p></p>
	<p>
<p>Y as&#237; me present&#233;. A la profesora no le gust&#243;, intent&#243; mejorar mis alas y limpiar algo de barro, pero no hab&#237;a mucho que hacer, de modo que as&#237; sal&#237;, escondi&#233;ndome del p&#250;blico cuanto pod&#237;a, en profundo silencio, deseando haber tenido alas para poder salir volando de all&#237; sin que nadie me viera, sin mirar a nadie salvo a los ignorados, aquellos que como yo, o el buey y la mula, no eran m&#225;s que un apoyo del resto del bel&#233;n. Pero el verdadero apoyo nos lo d&#225;bamos mutuamente, ese ruido nos lo dedicaban desde el apartado lugar en el que se encontraban, con sus instrumentos musicales y sus miradas. Desde el portal, el buey y la mula mug&#237;an. A m&#237; no me dejaban gritar pero sonre&#237;a, y ya no me escond&#237;a de mi suciedad, ni de mis alas rotas, porque comprend&#237; que los ninguneados nos hac&#237;amos notar. Hab&#237;amos montado un bel&#233;n diferente, el nuestro propio.</p></p>
	<p>
<p>Al a&#241;o siguiente le ped&#237; a la profesora poder acompa&#241;ar con la flauta. Desde ese curso form&#233; parte de la banda musical cada Navidad.</p></p>
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		<title>Jeroglíficos, postales y trenes</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Dec 2008 19:46:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>Con los jerogl&#237;ficos ocurre lo mismo que con las personas, creemos entenderlos pero no sabemos interpretar lo que  en verdad quieren transmitirnos. Es por eso por lo que necesitamos encontrar una Piedra Rosetta que nos oriente en la dif&#237;cil tarea de descifrar sus deseos,  voluntades y sue&#241;os.</p>

<p>Con las postales pasa algo parecido, al [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>Con los jerogl&#237;ficos ocurre lo mismo que con las personas, creemos entenderlos pero no sabemos interpretar lo que  en verdad quieren transmitirnos. Es por eso por lo que necesitamos encontrar una Piedra Rosetta que nos oriente en la dif&#237;cil tarea de descifrar sus deseos,  voluntades y sue&#241;os.</p></p>
	<p>
<p>Con las postales pasa algo parecido, al igual que los amigos algunos nos llegan y otros se pierden por el camino, quiz&#225;s porque iban en la direcci&#243;n equivocada, quiz&#225;s porque les faltaba el sello necesario para llegar hasta nosotros.</p></p>
	<p>
<p>Y, bueno, tambi&#233;n est&#225;n los trenes&#8230; en la vida perdemos tantos que no volver&#225;n a pasar, tantos que ni siquiera nos planteamos coger y otros de los que nos bajaremos en marcha, que si los junt&#225;ramos todos lograr&#237;amos dar al menos una vuelta al mundo. Luego hay trenes que llegan m&#225;s tarde o que necesitan de trasbordos, pero estos siempre acaban llegando all&#225; donde la v&#237;a se pega con el and&#233;n de una estaci&#243;n sin nombre, una estaci&#243;n dif&#237;cil de alcanzar, pues a ella llegamos sin br&#250;jula ni mapa, sin horarios ni rutas. Sin embargo, en esa b&#250;squeda contamos con la ayuda de compa&#241;eros de viaje que subir&#225;n a nuestro vag&#243;n, que nos har&#225;n m&#225;s ameno el trayecto y que nos orientar&#225;n sobre el lugar al que debemos llegar y c&#243;mo hacerlo. </p></p>
	<p>
<p>Y con sus ense&#241;anzas, experiencias y &#225;nimos ir&#225;n llenando nuestra maleta de recuerdos, anhelos, esperanzas y sue&#241;os. De tal modo que cuando queramos darnos cuenta ya no entrar&#225;n m&#225;s cosas y ser&#225; entonces cuando empecemos a vaciar el equipaje entregando lo recibido a otros viajeros, quienes volver&#225;n a llenarla de nuevo con otras compa&#241;&#237;as.</p></p>
	<p>
<p><em>*Relato escrito para Alejandro en diciembre del a&#241;o pasado. Hoy no fui capaz de escribir nada, las ideas est&#225;n de vacaciones.</em></p></p>
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		<title>Para Isabel, de Beethoven</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Sep 2008 14:03:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>&#8220;Hija, te hemos encontrado un trabajo&#8221;. Isabel era la mayor de cinco hermanos y acababa de cumplir 13 a&#241;os. Su padre, perteneciente al m&#225;s bajo escalaf&#243;n de la clase obrera, y su madre, que dej&#243; su ocupaci&#243;n como sirvienta de una casa pudiente al casarse, necesitaban que su hija mayor ayudase en la econom&#237;a [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img src='/images/isabel.jpg' alt='Para Isabel' /> </p></p>
	<p>
<p>&#8220;Hija, te hemos encontrado un trabajo&#8221;. Isabel era la mayor de cinco hermanos y acababa de cumplir 13 a&#241;os. Su padre, perteneciente al m&#225;s bajo escalaf&#243;n de la clase obrera, y su madre, que dej&#243; su ocupaci&#243;n como sirvienta de una casa pudiente al casarse, necesitaban que su hija mayor ayudase en la econom&#237;a familiar. &#8220;As&#237; que, ma&#241;ana mismo dejas la escuela&#8221;.</p></p>
	<p>
<p>La casa donde comenz&#243; a servir era la de un adinerado empresario, buen cat&#243;lico y af&#237;n al r&#233;gimen de Franco, un hombre que representaba todo contra lo que su padre hab&#237;a luchado a&#241;os atr&#225;s durante la guerra y lo mismo que criticar&#237;a en voz baja a lo largo de la Dictadura. Por ello, antes de comenzar su trabajo le dijo: &#8220;Recuerda, nunca les limpies el retrete, ninguna hija m&#237;a limpia el retrete de un fascista&#8221;.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;Tu debes ser Isabel. Pasa&#8221;. La primera vez que entr&#243; en aquella casa avanz&#243; perpleja por el pasillo principal que conduc&#237;a a un inmenso sal&#243;n, nunca antes hab&#237;a visto tanta opulencia junta. Ella, que vest&#237;a un raqu&#237;tico abrigo recogido de las bolsas que repart&#237;a la iglesia y unos zapatos heredados de su prima mayor, sab&#237;a que en aquel lugar sobraban demasiadas cosas y fue ese d&#237;a cuando empez&#243; a familiarizarse con la palabra Injusticia. Las tareas a realizar no distaban mucho de las que ya desempe&#241;aba en su casa, con la diferencia de que aqu&#237; hab&#237;a m&#225;s espacio que limpiar y m&#225;s ingredientes con los que cocinar.</p></p>
	<p>
<p>La se&#241;ora ten&#237;a una hija de su misma edad, Sonia, que tocaba muy bien el piano. Isabel nunca hab&#237;a visto uno de cerca y esperaba a quedarse sola para tocarlo, a pesar de que nunca nadie le explic&#243; qu&#233; era aquello del solfeo. Desde el d&#237;a que golpe&#243; la primera tecla hab&#237;a pasado mucho tiempo y ahora ya se atrev&#237;a con las partituras que Sonia dejaba abiertas al t&#233;rmino de sus clases particulares. Sab&#237;a con exactitud la hora a la que volver&#237;a la se&#241;ora, que sol&#237;a ser poco despu&#233;s de que Sonia regresara de la escuela.</p></p>
	<p>
<p>De la cocina se llevaba todo lo que sobraba y a veces la se&#241;ora le regalaba los vestidos y zapatos que Sonia ya no quer&#237;a o aquellos que ya hab&#237;a usado demasiado. Se sent&#237;a tan feliz en esa familia que sol&#237;a desear haber nacido all&#237;, poder ir a la escuela y estudiar solfeo, tener una madre educada, tranquila y comprensiva y no una de malos modales, que sol&#237;a llorar con frecuencia y que le aporreaba con el palo de la fregona cuando dejaba tareas sin hacer. Tambi&#233;n deseaba a ese padre que se preocupaba por su ni&#241;a y resolv&#237;a sus dudas y no al que llegaba cada tarde borracho, con ganas de discutir, repartiendo bofetadas a su madre y exigi&#233;ndole a ella el dinero del mes. </p></p>
	<p>
<p>Al limpiar el polvo de aquella estanter&#237;a repleta de tantos libros como no hab&#237;a visto en la vida, recordaba que en su casa nunca vio ninguno. Quiz&#225;s la vieja Biblia que su madre guardaba en el caj&#243;n de la mesilla y el Manifiesto Comunista que su padre escond&#237;a al fondo del armario. Uno a uno se los fue llevando, los le&#237;a deprisa y con el miedo de alguien que sostiene en sus manos un objeto que no le pertenece y que no le pertenecer&#225; jam&#225;s. Por las noches el sue&#241;o se hac&#237;a esperar pues la culpabilidad le imped&#237;a cerrar los p&#225;rpados. Estaba ocupando un lugar que no era el suyo &#191;qu&#233; hac&#237;a leyendo los libros, tocando el piano y llevando los vestidos de Sonia? Ella no era m&#225;s que su sierva, un medio que le hac&#237;a m&#225;s c&#243;moda la vida a ella, a su madre y a su padre fascista.</p></p>
	<p>
<p>&#8220;&#191;Isabel, por qu&#233; no vas a la escuela?&#8221; le pregunt&#243; una vez Sonia. Ella contest&#243; con una leve sonrisa: &#8220;Nunca se me dio bien estudiar&#8221;. </p></p>
	<p>
<p>Sus &#225;speras manos acariciaban las suaves teclas del piano y en esos momentos el polvo, la cocina y el olor a lej&#237;a se dilu&#237;an en el tema que tocaba en clave de Sol. Las notas musicales sonaban cada vez mejor, el &#8216;Para Elisa&#8217; de un se&#241;or llamado Beethoven del que nunca oy&#243; hablar, ya casi rozaba la perfecci&#243;n, su perfecci&#243;n, y solo le faltaban algunos libros por leer para terminar la estanter&#237;a. Sab&#237;a que todo eso era prestado, que no era su vida sino la de otra y que el d&#237;a que abandonara aquella casa se acabar&#237;a todo. </p></p>
	<p>
<p>Aquella tarde Sonia lleg&#243; m&#225;s animada de lo habitual: &#8220;Sabes, Isa, hoy he sacado sobresaliente en Historia&#8221;. Isabel le sonri&#243; mientras segu&#237;a limpiando el retrete que hab&#237;a dejado a medias.</p></p>
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		<title>Cuando tú no estás</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Sep 2008 16:45:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Iba cada d&#237;a al trabajo, se preocupaba de no llegar tarde e incluso se pasaba por all&#237; alg&#250;n que otro fin de semana. &#8220;La carretera est&#225; colapsada&#8221;, dicen una ma&#241;ana m&#225;s por la radio, mientras, &#233;l espera interminables filas de coches fum&#225;ndose el primer cigarro del d&#237;a. </p>

<p>Al llegar a la oficina el ordenador tarda [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>Iba cada d&#237;a al trabajo, se preocupaba de no llegar tarde e incluso se pasaba por all&#237; alg&#250;n que otro fin de semana. &#8220;La carretera est&#225; colapsada&#8221;, dicen una ma&#241;ana m&#225;s por la radio, mientras, &#233;l espera interminables filas de coches fum&#225;ndose el primer cigarro del d&#237;a. </p></p>
	<p>
<p>Al llegar a la oficina el ordenador tarda en encenderse, as&#237; que, para no perder ni un segundo, se dirige a la m&#225;quina de caf&#233; y presiona el bot&#243;n de &#8216;caf&#233; solo&#8217; al tiempo que recibe la primera llamada. Su hombro constituye el &#250;nico apoyo para el tel&#233;fono, ya que sus manos las ocupa el vaso y las fotocopias que acaba de hacer. </p></p>
	<p>
<p>Y por el fijo que descansa en su mesa llama su mujer, &#8220;Lo siento, ahora estoy hasta arriba. Luego te llamo&#8221;. Cuelga.</p></p>
	<p>
<p>Incre&#237;ble demostraci&#243;n al teclado, sus dedos se deslizan con la misma destreza con la que vuelve a apoyar el auricular del tel&#233;fono en su hombro. Parece como si &#233;ste se hubiera pegado a su oreja, hubiera echado ra&#237;ces y solo pudiera sustituirlo por otro artilugio, esta vez un iPod &#250;ltima generaci&#243;n.  </p></p>
	<p>
<p>El &#237;ndice de su mano derecha, hipertrofiado, es m&#225;s largo que los dem&#225;s, y es con &#233;l con el que apunta a su s&#233;quito de redactores orden&#225;ndoles escribir art&#237;culos que luego &#233;l firmar&#225;.</p></p>
	<p>
<p>Llama su mujer de nuevo, &#8220;&#161;Pues ve al m&#233;dico!&#8221; grita enfadado esta vez y vuelve a colgar.</p></p>
	<p>
<p>Durante la hora de la comida sigue all&#237;, no se levanta de su puesto, come un bocadillo a pesar de que este fin de semana visitar&#225; los mejores restaurantes de la ciudad.</p></p>
	<p>
<p>Deben pagarle bien, es redactor jefe, pero sus ojos no transmiten alegr&#237;a, sino que se mueven de izquierda a derecha y de arriba a abajo en una especie de baile epil&#233;ptico. Los cigarros que absorbe se consumen a la misma velocidad que su vida en esa oficina y cuando quiera darse cuenta ya solo quedar&#225;n cenizas.</p></p>
	<p>
<p>Llama su mujer, &#8220;En cuanto termine esto voy&#8221;. Pasaron no una, sino cuatro horas m&#225;s y se fue con cara de preocupaci&#243;n. Su mujer ya nunca volvi&#243; a llamar.</p></p>
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		<title>En algún lugar de La Tierra</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Sep 2008 21:27:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Hablemos de una ciudad o un pueblo, de un trozo de mundo donde las calles eran siempre cuesta arriba y sus habitantes no las sub&#237;an solos, sino acompa&ntilde;ados por el dolor que les provocaba el reloj que lat&#237;a en sus cabezas. All&#237; los d&#237;as sol&#237;an ser fr&#237;os, el viento soplaba siempre al contrario de los [...]</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>Hablemos de una ciudad o un pueblo, de un trozo de mundo donde las calles eran siempre cuesta arriba y sus habitantes no las sub&#237;an solos, sino acompa&ntilde;ados por el dolor que les provocaba el reloj que lat&#237;a en sus cabezas. All&#237; los d&#237;as sol&#237;an ser fr&#237;os, el viento soplaba siempre al contrario de los pasos que daban y las palabras se agotaban como lo estaba haciendo el oxigeno que respiraban. Por eso los lugare&ntilde;os sent&#237;an una extra&ntilde;a sensaci&#243;n de asfixia. Las noches eran artificiales y cada d&#237;a m&#225;s cortas, porque ya no hab&#237;a tiempo para dormir. El engranaje de la m&#225;quina se hab&#237;a oxidado y cada d&#237;a resultaba m&#225;s pesado moverlo, de modo que el cansancio, el reloj y la resignaci&#243;n se hab&#237;an convertido en sus peores enemigos.</p>
	<p>&ldquo;El ser humano es malo por naturaleza&rdquo;, dec&#237;an unos &ldquo;&iquest;Pero no se basaba en lo aprehendido?&rdquo;, preguntaban otros. No encontraban la respuesta y no la encontrar&#237;an, porque con ella no se sobreviv&#237;a en aquel lugar. Su obsesi&#243;n era un trozo de pl&#225;stico con el que poder saldar las deudas que contrajeron en el pasado y mantener los gastos del presente, a pesar de saber que ese &ldquo;talism&#225;n&rdquo; les pasar&#237;a factura en el futuro.</p>
	<p>Por eso corr&#237;an y se empujaban, porque estaban preocupados, ahogados, nerviosos &iquest;por qu&#233; se sent&#237;an inseguros? quiz&#225;s de ni&ntilde;os escucharon que deb&#237;an pensar en el futuro. Pero vivir en el no-presente no era sencillo, pues eso les convert&#237;a en ciegos que vagaban angustiados sin ver lo que se mostraba en ese instante ante sus ojos. </p>
	<p>La gente no ten&#237;a la intenci&#243;n de practicar las buenas maneras, porque la &ldquo;educaci&#243;n&rdquo; fue algo que le impusieron en su ni&ntilde;ez. Nunca debi&#243; llamarse as&#237; al acto de no empujar al pr&#243;jimo, pues si alguien se hubiera preocupado por no repetir de memoria aquello que le ense&ntilde;aban, habr&#237;a descubierto que eso no era educaci&#243;n, sino solidaridad. Porque con la primera se act&#250;a de cara un p&#250;blico, mientras en&nbsp; la segunda el acto es espont&#225;neo, nace sin ces&#225;rea.</p>
	<p>La vida social no resultaba f&#225;cil, pues hab&#237;an instaurado un modo de vida estandarizado y aquel que no lo cumpliera era expulsado de la comunidad. Llamaban locura a la cordura y lucidez a lo enfermizo, llegando incluso a apuntar con el dedo a aquel que no segu&#237;a las normas, a aquel que lograba salir de la c&#225;rcel en la que la mayor&#237;a viv&#237;a.</p>
	<p>No contentos con ello, controlaron mediante el miedo e instalaron un polic&#237;a en el interior de cada uno. Volvieron a levantar los muros que hab&#237;an ca&#237;do en la Edad Media e impusieron la guerra como m&#233;todo infalible de salvaguardar la paz. </p>
	<p>Nadie sabe el nombre del lugar del que estamos hablando, podr&#237;a estar a la vuelta de la esquina o encontrarse a miles de kil&#243;metros a la redonda. Tampoco conocemos cu&#225;ndo comenz&#243; todo, si fue hoy, el mes pasado o hace siglos. Pero seamos sinceros, a fin de cuentas, eso qu&#233; importa. 
</p></p>
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		<item>
		<title>El baile de Trinidad</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/08/27/el-baile-de-trinidad/</link>
		<comments>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/08/27/el-baile-de-trinidad/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 Aug 2008 18:30:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>No suelo so&#241;ar mucho (es decir, mis sue&#241;os no suelen ser dignos de recuerdo). Sin embargo, cuando tengo fiebre las pesadillas forman parte de mi pan de cada noche. Y he aqu&#237; una:</p>

<p>Caminaba por el pueblo extreme&#241;o donde veraneaba en mi infancia. Las calles estaban vac&#237;as y el Sol, como siempre, abofeteaba con fuerza. De [...]</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>No suelo so&#241;ar mucho (es decir, mis sue&#241;os no suelen ser dignos de recuerdo). Sin embargo, cuando tengo fiebre las pesadillas forman parte de mi pan de cada noche. Y he aqu&#237; una:</p></p>
	<p>
<p>Caminaba por el pueblo extreme&#241;o donde veraneaba en mi infancia. Las calles estaban vac&#237;as y el Sol, como siempre, abofeteaba con fuerza. De pronto escuch&#233; una m&#250;sica. Era normal que en la <em>casa de la juventud </em>organizaran fiestas, as&#237; que pens&#233; que ser&#237;a una de ellas. Quer&#237;a averiguar de d&#243;nde ven&#237;a el sonido, que parec&#237;a de violines. Estaba segura de que era un acto organizado, pero la casa de la juventud estaba cerrada y la m&#250;sica no era muy moderna, sino cl&#225;sica.</p></p>
	<p>
<p>Continu&#233; caminando. Estaba atardeciendo, pronto se har&#237;a de noche y segu&#237;a sin ver a nadie. Sin embargo, la m&#250;sica cada vez sonaba m&#225;s de cerca. De pronto pude ver una puerta entreabierta donde se pod&#237;a vislumbrar a personas en movimiento. Entr&#233;. Efectivamente era una fiesta. Hab&#237;a mucha gente bailando, vest&#237;an de gala y la m&#250;sica que sonaba parec&#237;a el movimiento allegro del <em>Invierno </em>de Vivaldi. Me invitaban a bailar pero yo me negaba. Lo que deseaba era salir de all&#237;. Hac&#237;a fr&#237;o y la gente no hablaba, s&#243;lo se mov&#237;an al ritmo de los violines. En la puerta hab&#237;a un hombre que imped&#237;a el paso.</p></p>
	<p>
<p>Como no quer&#237;a bailar intent&#233; buscar a alguien que estuviera sentado para al menos pasar el rato. Entre el tumulto consegui ver sentada a una chica joven, muy delgada y de semblante serio. Me sent&#233; a su lado y le pregunt&#233; si a ella tampoco le gustaba bailar. </p></p>
	<p>
<p>&#8220;Me encanta bailar&#8221;<br />
&#8220;Yo lo odio&#8221;, le dije. Y se me ocurri&#243; preguntarle  &#8220;&#191;Si te gusta, por qu&#233; no sales a la pista?&#8221;<br />
Sin cambiar su triste expresi&#243;n dijo: &#8220;Cuando me operen&#8221;. </p></p>
	<p>
<p>Entonces me cont&#243; que no pod&#237;a andar, que cuando era peque&#241;a tuvo una enfermedad tras la cual sus piernas empezaron a fallar. La historia me resultaba tan familiar que me asust&#233;. Le pregunt&#233; su nombre mientras deseaba que no fuera el mismo que yo estaba pensando. Pero lo dijo: &#8220;Trinidad&#8221; .</p></p>
	<p>
<p>Volv&#237; a mirar a los que bailaban: ten&#237;an ojeras, estaban cansados pero segu&#237;an bailando con la hip&#243;crita sonrisa de aquel que la utiliza a modo de antifaz. Pero este no era un baile de m&#225;scaras veneciano, era un baile de muertos. Sal&#237; corriendo pero el hombre de la puerta me agarr&#243;. Me despert&#233;.</p></p>
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		<title>Removiendo el café</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Aug 2008 18:03:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Estoy sentada en el Caf&#233; Barbieri frente a una taza, dando vueltas a una cuchara en el sentido de las agujas del reloj. Suelo pedir dos sobres de az&#250;car y procuro que &#233;ste sea moreno. Es necesario que la cuchara realice varios giros para poder diluirlo en la amarga cafe&#237;na.</p>

<p>Al levantar la vista de la [...]</p>
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>Estoy sentada en el <em>Caf&#233; Barbieri </em>frente a una taza, dando vueltas a una cuchara en el sentido de las agujas del reloj. Suelo pedir dos sobres de az&#250;car y procuro que &#233;ste sea moreno. Es necesario que la cuchara realice varios giros para poder diluirlo en la amarga cafe&#237;na.</p></p>
	<p>
<p>Al levantar la vista de la mesa miro alrededor. En frente hay un chico con gafas de pasta. Sobre la mesa descansa <em>Anna Kar&#233;nina</em> abierto por una p&#225;gina que se encuentra m&#225;s cerca del fin que del comienzo de la obra. A su izquierda dos chicas charlan, una parece preocupada, la otra inventa excusas para calmar su tensi&#243;n. </p></p>
	<p>
<p>La camarera, que parece una estudiante Erasmus proveniente de alg&#250;n lugar del norte europeo, se acerca al chico de las gafas. Le pregunta, con un espa&#241;ol no muy logrado,  qu&#233; va a tomar. No escucho lo que quiere. La Eramus lo apunta en una libreta de hojas carcomidas y se vuelve a la barra. Puede que lleve apenas unos meses aqu&#237;, que estudie ciencias o letras en la universidad o que haya venido a trabajar a este pa&#237;s en busca de los d&#237;as de sol que no disfruta en su pa&#237;s, o de noches despejadas que le permitan observar la luna. Pero tambi&#233;n puede que no busque nada que se encuentre en el cielo, sino en la tierra.</p></p>
	<p>
<p>El chico de gafas de pasta dirige la mirada al libro. Parece t&#237;mido. Es posible que en su casa se apilen los libros sin ning&#250;n cuidado, porque seguramente el chaval sea desordenado. No debe vivir lejos de aqu&#237;.</p></p>
	<p>
<p>Las chicas siguen charlando cuando entra por la puerta un viejo con pelo largo. Le conozco. Hace tiempo que no le ve&#237;a. Sol&#237;a acudir a las conferencias republicanas y enfadarse en el turno de preguntas, aportando un punto de vista normalmente algo contradictorio. La &#250;ltima vez que le vi fue en una charla del Ateneo organizada por <em>Ciudadanos por la rep&#250;blica. </em>No s&#233; que edad tendr&#225;, parece soltero y tiene el rostro serio.</p></p>
	<p>
<p>La camarera Erasmus sirve un caf&#233; al chico del libro de <em>Ana Karenina</em>. </p></p>
	<p>
<p>Vuelvo a las chicas. La que tiene el &#8220;problema&#8221; busca algo en el bolso. Saca un m&#243;vil, sonr&#237;e y le ense&#241;a la pantalla a la otra. Comienzan a re&#237;r. El viejo del pelo largo las mira con semblante extra&#241;ado y el gafapasta le observa. Mientras, buscan a la camarera Eramus para pedirle la cuenta. El viejo dirige su mirada a m&#237; y yo vuelvo la vista a la taza. </p></p>
	<p>
<p>Sigo dando vueltas al caf&#233; como la tierra sobre s&#237; o como las vidas sobre las personas, qu&#233; m&#225;s da. Porque la vida no es m&#225;s que vueltas, no es un camino, sino continuas rotondas. Y no es que el ser humano sea el &#250;nico animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra, sino que es el &#250;nico que desea que esto suceda, pues m&#225;s vale piedra conocida en la que tropezar que barranco por el que resbalar. Y basta ya de refranes que nunca fueron mis amigos. </p></p>
	<p>
<p>El c&#237;rculo que dibujaba la cuchara crec&#237;a como crece el de nuestra perspectiva cuanto uno quiere, y en ese momento se abr&#237;a hasta al siglo <span class="caps">XIX</span>, cuando en ese lugar a esa hora, un grupo de personas discut&#237;an sobre un proyecto, una novela o un &#8220;problema&#8221;. Mientras, otros les observaban y escrib&#237;an aquello que ve&#237;an en un bloc de notas.</p></p>
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		<title>Sufrimiento, lucha y traición</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/08/05/sufrimiento-lucha-y-traicion/</link>
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		<pubDate>Tue, 05 Aug 2008 20:40:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Política</category>
	<category>Relatos</category>
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		<description><![CDATA[<p>Corri&#243; tras ella al t&#233;rmino de la clase. 
    - &quot;Tengo una cosa para vos&quot; 
- &quot;&iquest;Si? &iquest;Y qu&#233; es?&quot;
- &quot;Una Poes&#237;a&quot;
- &quot;Esto&#8230; muchas gracias&quot; 
    V&#237;ctor amaba a Carolina, era un rom&#225;ntico del siglo XIX, enamorado de la poes&#237;a y la expresi&#243;n sentimental. Carolina amaba a Manuel, miembro del colectivo clandestino de tintes marxistas al que [...]</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p>Corri&#243; tras ella al t&#233;rmino de la clase. </p>
	<p>- &quot;Tengo una cosa para vos&quot; <br />
- &quot;&iquest;Si? &iquest;Y qu&#233; es?&quot;<br />
- &quot;Una Poes&#237;a&quot;<br />
- &quot;Esto&#8230; muchas gracias&quot; </p>
	<p>V&#237;ctor amaba a Carolina, era un rom&#225;ntico del siglo <span class="caps">XIX</span>, enamorado de la poes&#237;a y la expresi&#243;n sentimental. Carolina amaba a Manuel, miembro del colectivo clandestino de tintes marxistas al que pertenec&#237;a, y novio de Andrea, su mejor amiga. </p>
	<p>Carolina ve&#237;a a V&#237;ctor como un adolescente que, a&#250;n sin madurar, segu&#237;a enamor&#225;ndose como s&#243;lo es posible hacerlo con esa edad. El pragmatismo de ella chocaba con el irracionalismo de &#233;l, era una revolucionaria que luchaba contra la dictadura y prefer&#237;a la acci&#243;n rebelde a las palabras indefensas. </p>
	<p>- &quot;&iquest;Qu&#233; hacei esta tarde?&quot;, le pregunt&#243; V&#237;ctor.<br />
- &quot;Hoy hay asamblea en el colectivo&quot;, debatiremos el contenido de unas octavillas que repartiremos la semana que viene en la facultad. &iquest;Ven&#237;s?&quot;<br />
- &quot;He de estudiar. Por otro lado, creo que deber&#237;as dejar el colectivo, es peligroso&quot;<br />
- &quot;&iquest;Ah s&#237;? mejor me quedo llor&#225;ndole al vac&#237;o como haces t&#250;, sin mover un s&#243;lo dedo, mientras los dem&#225;s luchamos por tu futuro&quot;.</p>
	<p>V&#237;ctor se sinti&#243; atacado. &#201;l pertenec&#237;a a un club de literatura donde pasaban largas veladas, no debatiendo sobre la redacci&#243;n de ninguna octavilla, sino comentando el &#250;ltimo libro de Cort&#225;zar o Vargas Llosa.</p>
	<p>- &quot;Siempre fuiste un burgu&#233;s y en el fondo Pinochet te aporta comodidad&quot;<br />
- &quot;Eso no es cierto. S&#243;lo creo que no hay nada que hacer contra el r&#233;gimen militar. Ellos tienen las armas&quot;<br />
- &quot;Y nosotros la raz&#243;n&quot;<br />
- &quot;La raz&#243;n no gana a sus pistolas&quot;, contest&#243; Victor tras breve una pausa.<br />
- &quot;Con gente como t&#250; y los de tu club desde luego que no. Pero hazme caso, nuestra valent&#237;a y&nbsp;sue&ntilde;os no caben en vuestras poes&#237;as&quot;. Pronunciaba esas palabras mientras abr&#237;a el papel donde la tinta azul de una vieja pluma dibujaba la poes&#237;a que V&#237;ctor le entreg&#243;. &quot;s&#243;lo sabes escribir bobadas&quot;.<br />
- &quot;Son sentimientos&quot;<br />
- &quot;&iquest;Sentimientos? &iquest;Quieres ver lo que son sentimientos?&quot; Carolina rompi&#243; la poes&#237;a y se la tir&#243; a la cara al tiempo que le dec&#237;a: &quot;Esto es ira, ira hacia los intelectuales burgueses como t&#250;, individualistas que no sab&#233;is m&#225;s que ahogar su rechazo a Pinochet en neutrales y c&#243;modas reuniones de intelectuales &iexcl;sois unos cobardes!&quot;</p>
	<p>Los ojos de V&#237;ctor mostraban una mezcla de humillaci&#243;n, rechazo y acusaci&#243;n.</p>
	<p>- &quot;Y ahora me voy al colectivo. Saluda de mi parte a los memos del club literario y diles que sigan as&#237;, que no se preocupen, mientras tanto nosotros lucharemos por ellos&quot;. Se mont&#243; en la vieja bicicleta y le dej&#243; plantado sin decir adi&#243;s. </p>
	<p>V&#237;ctor observaba su figura perdi&#233;ndose en el horizonte mientras pensaba que ten&#237;a raz&#243;n, que no era m&#225;s que un cobarde, capaz tan solo de escribir in&#250;tiles poes&#237;as que le ensimismaban, separ&#225;ndole de la realidad de su pa&#237;s, un pa&#237;s que sufr&#237;a, como lo hac&#237;a &#233;l por Carolina o como lo hac&#237;a Carolina por Manuel. Su historia, como la de todos, era una historia de traiciones. Carolina traicionaba a su mejor amiga al amar en secreto a su novio. Manuel, junto al resto de compa&ntilde;eros, traicionaba en la clandestinidad al r&#233;gimen y ahora V&#237;ctor descubr&#237;a el secreto de su propia traici&#243;n: la asistencia a actos marxistas, no por convicci&#243;n pol&#237;tica, sino en busca de la mirada de Carolina. Y mientras se traicionaban, al mismo tiempo, todos estaban luchando.</p>
	<p>Esa noche unos desconocidos entraron en casa Carolina, nunca nadie volvi&#243; a saber de ella.&nbsp;Hoy V&#237;ctor&nbsp;la recuerda desde&nbsp;su casa de Santiago de Chile, mientras comparte cama con un muerto que goza de buena salud. </p></p>
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		<title>La diversidad igualada en el imperio de la “tolerancia”</title>
		<link>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/07/21/p42/</link>
		<comments>http://vinoyrosas.blogsome.com/2008/07/21/p42/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 21 Jul 2008 18:49:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
		
	<category>Relatos</category>
	<category>Reflexiones</category>
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		<description><![CDATA[<p>De momento la inmensa mayoría tiene una vida de patatas: nacen, crecen y mueren en el mismo huerto. La estabilidad laboral se plasma en el aumento de personas que quieren acabar como funcionarios obedeciendo a un Estado, sea cual sea su Gobierno, del mismo modo que lo hicieron cientos de funcionarios alemanes que de 1933 a 1945 siguieron con su trabajo de forma normal. </p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>
<p><img title="Cuadernos Rubio" style="width: 480px; height: 300px" height="300" alt="Cuadernos Rubio" src="http://nic-nac-project.de/~zeles/ant/bd/img/cuaderno_rubio-interior.jpg" width="480" border="0" />&nbsp;</p>
	<p>&ldquo;&iquest;Qu&#233; est&#225;s mirando por la ventana? La clase est&#225; aqu&#237;&rdquo;. La profesora siempre le hac&#237;a la misma pregunta. Cuando no estaba observando a la gente que a diario pasaba a la misma hora por la misma calle, miraba el reloj esperando que las manillas indicaran el final de la clase. </p>
	<p>Siempre hab&#237;a que escuchar las &#243;rdenes del profesor que con energ&#237;a les explicaba los nuevos conocimientos. No hab&#237;a lugar para el debate. Se pod&#237;a preguntar, pero cuando la duda era considerada demasiado enrevesada, ni siquiera se molestaban en contestarla. Detr&#225;s de toda mentira comprensible se hallaba una verdad incomprensible que no ten&#237;amos por qu&#233; saber. </p>
	<p>Todos llev&#225;bamos los mismos libros, los mismos cuadernos y nos obligaban a escribir igual, tu letra deb&#237;a tener la misma graf&#237;a y te ordenaban ensayarla por medio de unos cuadernillos verdes.</p>
	<p>Los ex&#225;menes eran los mismos para todos y con ellos separaban a los &quot;v&#225;lidos&quot; de los &ldquo;no validos&rdquo;: eres apto para continuar y si no lo has aprendido deber&#225;s hacerlo de nuevo hasta que lo interiorices. </p>
	<p>Si hablas en clase, deber&#225;s copiar 200 veces &ldquo;No debo hablar en clase con mis compa&ntilde;eros, porque esa actitud entorpece la impartici&#243;n de la asignatura tan importante para nuestra formaci&#243;n&rdquo; (era curioso c&#243;mo se contaban minuciosamente las frases como si el profesor se fuera a molestar en descubrir que hab&#237;a 180 en vez de 200).</p>
	<p>Con todo aquello, los ni&ntilde;os aprendieron la lecci&#243;n. Si alguien no era como el resto, se le marginaba, como aquel ni&ntilde;o que era el &#250;nico en clase de gimnasia r&#237;tmica, la ni&ntilde;a que quer&#237;a jugar al f&#250;tbol o aquella que hac&#237;a demasiadas preguntas y llevaba la contraria a todos.</p>
	<p>La sociedad occidental ha ido exterminado el peligro de la diferencia para transformarla en di-versidad, teniendo en cuenta su etimolog&#237;a: &quot;di&quot; es separar y &quot;vertere&quot; verter, es decir: separar los vertidos que se tiran en el mismo contenedor. </p>
	<p>De pronto aumenta la sinonimia y disminuye la polisemia, y eso lo aprendemos desde la escuela, y es as&#237; como logramos utilizar una obediencia mec&#225;nica, porque, ya hemos olvidado las razones que nos empujan a obedecer. Algunos han ido contracorriente pero tambi&#233;n otros han intentado adaptarse arrastrados por la presi&#243;n social. </p>
	<p>De momento la inmensa mayor&#237;a tiene una vida de patatas: nacen, crecen y mueren en el mismo huerto.&nbsp;El deseo de la&nbsp;estabilidad laboral se plasma en el aumento de personas que quieren acabar como funcionarios obedeciendo a un Estado, sea cual sea su Gobierno, del mismo modo que lo hicieron cientos de funcionarios alemanes que de 1933 a 1945 siguieron con su trabajo de forma normal. Pero no s&#243;lo los&nbsp; funcionarios, sino toda aquella gente que margin&#243; a aquellos que se se&ntilde;alaban como diferentes por el Estado,&nbsp;como hace la escuela cuando se&ntilde;ala al diferente escondiendo su actitud bajo un manto de palabras de igualdad y tolerancia. </p>
	<p>Te preparan para una econom&#237;a de mercado en la que tendr&#225;s que competir, sacar mejores notas que tu compa&ntilde;ero de trabajo para as&#237; ascender en tu puesto o ser&#225;s castigado, despedido. </p>
	<p>Dec&#237;a Cior&#225;n que la docilidad convierte a los hombres en &quot;aspirantes a la dignidad de monstruos&quot;.
</p></p>
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