La idea

exceso de información

Escuchen bien lo que voy a contarles. Esta no es una historia de pasión, ni dolor, ni siquiera de venganza. Es un retazo del pasado vestido de futuro, una lágrima que nunca llegó a caer y que se quedó enredada en el regazo de una hiena que mató a sus hijos para poder vivir, que comió sus entrañas para seguir caminando por la sabana, orgullosa ella, de haber salido adelante. Empecemos…

Cada día compraba el periódico, lo revisaba de final a principio, eludiendo las páginas de los deportes y centrándose en aquellas que desgranaban la economía y sus misterios. No había noticias nuevas, ningún dato alentador que indicara la salida de la crisis, ninguno que le diera la esperanza de encontrar un nuevo empleo.

Remodelación de Gobiernos, expedientes de regulación y quién sabe qué otras barbaridades… Luego estaba la Iglesia, luchando impetuosa contra el aborto y por la vida, mientras en sendas procesiones ríos de sangre caían por las espaldas de sus feligreses. Decían que los curas se bajarían el sueldo para luchar contra el paro… días después un terremoto sacudía la tierra cerca del Vaticano.

Su vida en esencia no distaba mucho de la del resto de la población: comía, trabajaba, dormía cuando podía… a veces también se entretenía jugando al mus con sus viejos amigos.

Un buen día nuestro amigo, cansado ya de leer, escuchar e incluso hablar, tuvo una idea. No era digna de un genio, ni de un erudito pensador, para qué engañarnos, pero era suya. Hacía tiempo que las ideas propias se habían extinguido, todas habían pertenecido a otros en el pasado, todo estaba ya inventado, y si no era así, la mayoría se basaba en algo ya creado. Parece que ahora nadie pensaba por sí mismo, por miedo quizás a considerar estupidez algo que carecía de base verificable.

Y así fue como el protagonista del relato, orgulloso de su logro, escondió su idea en una vieja caja de cartón Allí la encerró pues no tenía una de metal y tampoco disponía de mucho tiempo. Era menester el impedir que otro se la robara e hiciera suyo aquello que le pertenecía. Y mientras la escondía, en su cabeza retumbaba una y otra vez el terrible pensamiento de que quizás esa idea ya tuviera dueño. Y así, como aquel que esconde algo que no es suyo, cerró la caja y escribió en mayúsculas: “MÍA”.

Tras el puente continuaré con la historia de este modesto hombre y su reciente descubrimiento.

5 comentarios »

  1. Sigue, sigue… igual conozco a ese hombre :O

    Feliz Easter!

    Comment by bitdrain — April 11, 2009 @
    11:05 pm

  2. Los habitantes de Macondo estamos deseando leer el desenlace de tú historia…. No te demores en escribirla.

    Saludos..

    Comment by Aureliano — April 13, 2009 @
    2:17 pm

  3. Bitdrain ¿de verdad lo conoces? :)

    Señor Aureliano Buendía, ya está escrita la segunda parte.

    Comment by Silvia — April 16, 2009 @
    9:29 pm

  4. Me gusta, es enigmático, y te deja la esperanza a sucesos venideros. Podría ser cualquiera el tipo éste.

    Comment by Billy MacGregor — April 19, 2009 @
    4:14 pm

  5. Me alegro de que te guste, Billy. Ese tipo somos todos.

    Comment by Silvia — April 23, 2009 @
    8:54 pm

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