Calor, truenos y selva
De pronto la lluvia se convirtió en la gran protagonista del paisaje. El aterrizaje en Puerto de Iguazú fue tormentoso, y no solo por el clima que nos dio la bienvenida. Los relámpagos, truenos y turbulencias llegaron a asustar a todos los pasajeros mientras sobrevolabamos kilometros y kilometros de selva.
Hoy mismo abandoné definitivamente la Patagonia chilena y argentina para sumergirme en la lluvia torrencial que alimenta las cataratas más grandes del mundo. Llegando ayer a casi 40 grados según dicen los de aquí, el fuerte sonido de las gotas de agua, solo interrumpido por los impotentes truenos, parece que forma parte del hilo musical del lugar. Atrás quedan los guantes, gorro y bufanda. Y es que resulta sorprendente que en un solo país se entremezclen climas y paisajes tan diferentes. Nieve, hielo, volcanes, desierto y selva son algunos de los grandes extremos de Argentina.
Salimos un rato y cubos de agua caian sobre nosotros sin dar tregua. Parece como si aquí el cielo no dejara de llorar. Dicen que en España comienza a hacer frío, dice alguien que allí no es el cielo quien llora.
Y mientras escribo estas líneas emiten “Caiga quien caiga” por televisión. Hay cosas que, estés donde estés, nunca cambian.




