Al calor del fuego y las estrellas

El fuego es una de las muchas cosas que me hiptoniza. Ahora, sintiendo su calor, no puedo despegarme de él. Y, mientras me quemo la cara, los ojos se me cierran.

La casa es grande, de madera y la chimenea es preciosa. Me encuentro en Chiloé, una isla del centro-sur de Chile que me está enamorando. Tiene idioma propio, casas de colores y madera y llueve 300 días al año (los otros 65 hace mal tiempo, dicen).

Hasta ahora estuve en Santiago de Chile, Pucón y ayer llegamos a Puerto Varas, donde Jan, un chico alemán encantador que trabaja en turismo nos acogió en su gran casa de estudiantes. Mañana volvemos allí y tomará con nosotros el barco de cuatro días que conduce al sur.

Cada vez hace más frío y no tengo capas suficientes para compensar el cambio. Por las mañanas el sol abrasa y de noche el frio paraliza. Ayer descubrí que desde el polo sur se avistan más estrellas. Miro al cielo y aunque no puedo contarlas sé que cada día que pase veré más.

Buenas noches.