Desde Tierra de fuego

Se respira tranquilidad en la ciudad de Ushuaia. Las montañas, cubiertas de nieve, se funden con el blanquecino cielo gracias a la gélida brisa que les llega directamente de la Antártida. Ese mismo viento sopla con fuerza en el puerto y parece que ayer nevó.

Hoy llegué a este lugar donde dicen que se acaba el mundo, un punto que se encuentra a unos 15.000 km de España.

Es curioso darse cuenta de lo limitadas que son nuestras vidas cuando las miras desde la lejanía, cuando los problemas cotidianos no son más que estupideces, cuando lees el periódico tras varios días y constatas que siempre es lo mismo… y que en realidad todo es dañina rutina.

Esta noche he recordado que me encuentro en la mitad y punto de inflexión del viaje, que hace tres días que entramos en Argentina y que hoy por fin tengo una cama en la que dormir.

Gélidos saludos.

Al calor del fuego y las estrellas

El fuego es una de las muchas cosas que me hiptoniza. Ahora, sintiendo su calor, no puedo despegarme de él. Y, mientras me quemo la cara, los ojos se me cierran.

La casa es grande, de madera y la chimenea es preciosa. Me encuentro en Chiloé, una isla del centro-sur de Chile que me está enamorando. Tiene idioma propio, casas de colores y madera y llueve 300 días al año (los otros 65 hace mal tiempo, dicen).

Hasta ahora estuve en Santiago de Chile, Pucón y ayer llegamos a Puerto Varas, donde Jan, un chico alemán encantador que trabaja en turismo nos acogió en su gran casa de estudiantes. Mañana volvemos allí y tomará con nosotros el barco de cuatro días que conduce al sur.

Cada vez hace más frío y no tengo capas suficientes para compensar el cambio. Por las mañanas el sol abrasa y de noche el frio paraliza. Ayer descubrí que desde el polo sur se avistan más estrellas. Miro al cielo y aunque no puedo contarlas sé que cada día que pase veré más.

Buenas noches.

Hasta el fin del mundo

Hoy que nos precipitamos por los barrancos que conducen al invierno, tomaré un vuelo que me lleve a la estación que chapotea hacia el verano. Dentro de unas horas subiré a un avión que sorteará los Andes para aterrizar en Santiago de Chile, punto de partida de un viaje con el que pretendo conocer una pequeña porción del cono sur americano.

David, que ayer llegó a Madrid, me acompaña, y yo a él. En una libreta llevamos apuntados todos los celulares de la gente que allá veremos, unos de Chile, otros de Argentina y espero, si da tiempo, visitar a los amigos de Uruguay.

La idea es ir hacia el sur, donde la temperatura poco a poco será más fría. Los volcanes, lagos y playas se sustituirán en pocos días por los icebergs y témpanos de hielo que atravesaremos con el barco mercante que recorre los fiordos chilenos. Más tarde llegaremos a los glaciares argentinos de la Patagonia y las montañas de Torres de Paine y Chaltén, para dirigirnos después al fin del mundo: Ushuaia, capital de la Antártida. Allí tomaremos un avión a Puerto de Iguazú donde la temperatura habrá subido unos 20 grados para después bajar en autobús a Buenos Aires. Quizás allí tomemos un barco a Montevideo y volvamos, vía Mendoza, a Chile… Pero en un mes todo puede variar.

Nunca antes me había pesado tanto la mochila. Esta mañana, cuando comencé a llenarla, la báscula marcaba los ocho kilos. Ahora, a punto de irme, ya son diez con cinco. Pero es lo que ocurre cuando gorro, bufanda y guantes comparten espacio con los pantalones cortos y el bikini.

Nos esperan muchas horas de autobús, barco y piernas. En algunas ciudades conocemos gente, a otros los conoceremos por el camino. Y quien sabe, con todos ellos quizás volvamos a cruzarnos algún día.

¡Hasta pronto!

Una vida de película

Revolviendo en el almacén de recuerdos encontré uno triste, otro gracioso, uno angustioso, alguno dulce y otro insulso. Los que estaban intactos flotaban en el mar de los rotos y los recuperados en blanco y negro se superponían a los de color. Escogí uno al azar y lo dejé en el supermercado de pensamientos presentes, allí donde la mayoría se consumen después de caducar.

Ha pasado ya mucho tiempo de aquello, pero ¿como explicar que lo vea como si de una película se tratara? En realidad la vida es como un largometraje del que eres el director, el problema es que en la mayoría de casos elegimos un guión equivocado y en otros tantos la vivimos como mero espectador.

Unos escogen el drama, otros la ciencia ficción y los más arriesgados las aventuras. Yo, que soy cobarde, me quedé con la tragicomedia.

Para ver la visión que tenemos de esta película no debemos olvidar la importancia de las técnicas de grabación. Los egocéntricos prefieren el auto primer plano, los tímidos el desenfoque, los extrovertidos la panorámica, las personas de baja autoestima el contrapicado y los que son como yo suelen recurrir al flash back.

Un punto clave del rodaje es que los actores tengan claro cuál es su papel, pues si no lo interpretan correctamente pueden acabar desencadenando un final inesperado. Pero eso pasa solo con los ‘protas’, sin embargo, la mayoría solo llegan a la calidad de extras y de este modo siguen apareciendo al fondo de la escena sin cobrar el menor protagonismo. Muchos ni siquiera volvieron a salir porque perdieron sus papeles al descubrir que su vida había quedado en un olvidado segundo plano.

Pero a pesar de las luchas entre actores, guiones que se olvidan o no salen, repeticiones de tomas y problemas de iluminación, nunca debemos dejar que nos intenten traducir con subtitulos o doblajes, porque será ahí cuando nadie habrá entendido nada de la película, ni siquiera nosotros mismos.

Y puede que cuando nuestra opera prima abandone la taquilla del presente, podamos dar vueltas al disco de la memoria para poder disfrutarla en la sesión del futuro.

Woody Allen, después de años de neurosis, pastillas y psicoanalistas, logró dirigir y actuar en su propia película. Aquí una escena representativa de uno de sus muchos trabajos:


“Tenía un médico para cada parte de su cuerpo. Cuando salía alguna de sus películas, organizaba proyecciones para sus doctores y sus esposas. Se llamaba la “Proyección de los Médicos” y el salón siempre estaba lleno. Tenía su propio termómetro en mi apartamento. En su bolsillo mantenía una caja de plata para guardar las pastillas necesarias para cualquier enfermedad imaginable”, decía Mia Farrow.

¿Por qué somos hipócritas?

Hipocresia

Lista de frases hipócritas:

  • Puede que tengas razón (pero mi argumento posee mayor solidez).
  • El dinero es algo que no me importa en absoluto… Por cierto ¿Qué precio tiene…?
  • Nunca veo la televisión salvo algún documental o película de culto de La  2… y de refilón Tele 5 haciendo zapping.
  • Soy ateo pero respeto las religiones (aunque hay que ser idiota para creer en Dios)
  • Yo nunca he clasificado a la gente (Es curioso, cuando fui a Francia encontré gente simpática)
  • No leo mucho porque no tengo tiempo (y cuando lo tenga ya habré perdido la práctica)
  • "¿Te divertiste el viernes?" ¡claro! (solo bostezaba por cansancio)
  • No me importa lo que digan de mí… ¿crees que eso es raro?
  • Soy una persona muy segura… ¿verdad?
  • A mí me da igual. Mientras no…
  • Eres lo más importante para mí (después de mí)
  • Te envidio, pero ¡ojo! es envidia sana (esa que siento hacia los cabronazos como tú)
  • No soy racista.  Pero… y además… plaga… nos… e invasión.
  • Nunca he ido a una discoteca con intención de ligar, solo de divertirme (Hay que ver lo que me mira aquel/la)
  • Vamos a darnos un tiempo, necesito pensar (porque esto que te digo no lo he pensado apenas)
  • Tú te mereces algo mejor que yo (y yo alguien mejor que tú)
  • Trabajé mucho para lograr este puesto, nunca me dieron nada hecho (que me enchufara mi primo no significa nada)
  • Bebo simplemente porque me gusta… ¿cómo? ¿Que hoy no bebe nadie? No me hagáis esto.
  • Jamás sería infiel… lo del sábado fue culpa del alcohol.
  • Perdí en el primer nivel del videojuego porque estaba pensando en otra cosa… ¿de cuanto dices que era la dificultad?
  • Me arreglo para sentirme bien conmigo mismo/a, no por los demás… ¿te gusta como voy?
  • A mí me duele más que a ti, en serio… lo que pasa es que no lo parece porque soy muy frío/a
  • La esperanza es lo último que se pierde… que yo la perdiera hace tiempo es otra historia.
  • Haz lo que quieras (pero si haces lo que no quiero, para mí has muerto)
  • No estudié nada… no sé como pude sacar sobresaliente.
  • Lo importante es el interior… y si es guapo/a mejor
  • Y no sigo escribiendo más frases hipócritas porque la entrada se haría eterna (no se me ocurren más)

La hipocresía es el acto de fingir tener cualidades, ideas o sentimientos que en realidad no se tienen. La palabra proviene del latín hypocrisis y del griego hypokrisis, que significan acción de desempeñar un papel.

Cuando un hipócrita finge ser lo que no es, lo hace por la falta de autoestima, lo que le obliga a crear una imagen que desearía tener, la cual suele estar muy lejos de su realidad.

Decía Martín Lutero: "La humildad de los hipócritas es el más grande y el más altanero de los orgullos”.