Sufrimiento, lucha y traición
Corrió tras ella al término de la clase.
- "Tengo una cosa para vos"
- "¿Si? ¿Y qué es?"
- "Una Poesía"
- "Esto… muchas gracias"
Víctor amaba a Carolina, era un romántico del siglo XIX, enamorado de la poesía y la expresión sentimental. Carolina amaba a Manuel, miembro del colectivo clandestino de tintes marxistas al que pertenecía, y novio de Andrea, su mejor amiga.
Carolina veía a Víctor como un adolescente que, aún sin madurar, seguía enamorándose como sólo es posible hacerlo con esa edad. El pragmatismo de ella chocaba con el irracionalismo de él, era una revolucionaria que luchaba contra la dictadura y prefería la acción rebelde a las palabras indefensas.
- "¿Qué hacei esta tarde?", le preguntó Víctor.
- "Hoy hay asamblea en el colectivo", debatiremos el contenido de unas octavillas que repartiremos la semana que viene en la facultad. ¿Venís?"
- "He de estudiar. Por otro lado, creo que deberías dejar el colectivo, es peligroso"
- "¿Ah sí? mejor me quedo llorándole al vacío como haces tú, sin mover un sólo dedo, mientras los demás luchamos por tu futuro".
Víctor se sintió atacado. Él pertenecía a un club de literatura donde pasaban largas veladas, no debatiendo sobre la redacción de ninguna octavilla, sino comentando el último libro de Cortázar o Vargas Llosa.
- "Siempre fuiste un burgués y en el fondo Pinochet te aporta comodidad"
- "Eso no es cierto. Sólo creo que no hay nada que hacer contra el régimen militar. Ellos tienen las armas"
- "Y nosotros la razón"
- "La razón no gana a sus pistolas", contestó Victor tras breve una pausa.
- "Con gente como tú y los de tu club desde luego que no. Pero hazme caso, nuestra valentía y sueños no caben en vuestras poesías". Pronunciaba esas palabras mientras abría el papel donde la tinta azul de una vieja pluma dibujaba la poesía que Víctor le entregó. "sólo sabes escribir bobadas".
- "Son sentimientos"
- "¿Sentimientos? ¿Quieres ver lo que son sentimientos?" Carolina rompió la poesía y se la tiró a la cara al tiempo que le decía: "Esto es ira, ira hacia los intelectuales burgueses como tú, individualistas que no sabéis más que ahogar su rechazo a Pinochet en neutrales y cómodas reuniones de intelectuales ¡sois unos cobardes!"
Los ojos de Víctor mostraban una mezcla de humillación, rechazo y acusación.
- "Y ahora me voy al colectivo. Saluda de mi parte a los memos del club literario y diles que sigan así, que no se preocupen, mientras tanto nosotros lucharemos por ellos". Se montó en la vieja bicicleta y le dejó plantado sin decir adiós.
Víctor observaba su figura perdiéndose en el horizonte mientras pensaba que tenía razón, que no era más que un cobarde, capaz tan solo de escribir inútiles poesías que le ensimismaban, separándole de la realidad de su país, un país que sufría, como lo hacía él por Carolina o como lo hacía Carolina por Manuel. Su historia, como la de todos, era una historia de traiciones. Carolina traicionaba a su mejor amiga al amar en secreto a su novio. Manuel, junto al resto de compañeros, traicionaba en la clandestinidad al régimen y ahora Víctor descubría el secreto de su propia traición: la asistencia a actos marxistas, no por convicción política, sino en busca de la mirada de Carolina. Y mientras se traicionaban, al mismo tiempo, todos estaban luchando.
Esa noche unos desconocidos entraron en casa Carolina, nunca nadie volvió a saber de ella. Hoy Víctor la recuerda desde su casa de Santiago de Chile, mientras comparte cama con un muerto que goza de buena salud.




