Un texto insultivo para el ser humano (Parte I)
Al ofender a alguien algunos prefieren utilizar un calificativo que tenga una base sobre la cual apoyar su dolido ego tumbado, provocando con él una burla tenaz y sometiendo así a escarnio público al sujeto al que se dirige. Otros por el contrario prefieren los improperios lanzados a la ligera, más adaptados al irracionalismo de la difamación. Y de esos me gustaría hablar.
Muchas veces me he preguntado por qué insultamos y de qué depende el tipo de insulto. Por ejemplo:
Mofa es una burla que suele ir acompañada de risas; Escarnio, otra burla, pero más tenaz ,que se hace con el propósito de ofender. Insolencia es la pérdida del respeto hacia alguien. Por otro lado están los improperios, que son injurias de palabra, en los que echamos a alguien en cara aquello que quien lo lanza quería mantener en secreto; o las injurias, ultraje verbal mediante desprecio o incluso maltrato. Finalmente está la ofensa que es insulto inmerecido. Podría seguir pero "No me sale de…".
Luego están los oprobios, denuestos, agravios, calumnias o difamaciones. Pero me centro en los más simples, los que se dicen con la misma facilidad con la que damos los buenos días de manera automática. En definitiva, los que menos daño hacen. En España se abusa de tres insultos que debido a su excesiva utilización ya nos resbalan, ni siquiera los oímos. Por orden de utilización:
1. Cabrón: Marido engañado o que consiente en el adulterio de su mujer; llamamos también cabrón al rufián, individuo miserable y envilecido que vive de prostituir a las mujeres.
2. Hijo (de) puta. Hideputa, fijoputa. Es término con el que se afrenta a quien de hecho es hijo bastardo, ilegítimo o espurio, recordándosele sus orígenes. Fue insulto grave, y ofensa que requería satisfacción, y durante mucho tiempo el más violento y soez (salvo en Andalucía donde se considera así a una persona con suerte).
3. Gilipollas: Deriva del árabe gihil, que es bobo, muy utilizada entre los hablantes de la España musulmana. El vocablo pasó al romance: gilí, sujeto ignorante y aturdido. Otra acepción del vocablo "gil" hace referencia al antropónimo "Gil", por entenderse ser éste una especie de antonomástico de "lelo, imbécil, infeliz".
Algunos gentilicios muy utilizados también:
Gabacho: tiene su origen en la papada del cuello que se atribuía a los naturales de los Alpes.
Yanqui: derivado de Janke, forma familiar de Jan (Juan en holandés). AL principio designaba a los primeros colonizadores holandeses. Se pudo formar a partir de ‘Janke’, nombre muy extendido entre ellos.
Polaco: Se nombra despectivamente a los catalanes. Proviene de la coincidencia temporal el año 1939 de la ocupación franquista de Cataluña y la ocupación nazi de Polonia, lo que habría inducido a los militares españoles de la época a hacer este paralelismo con el fin de reírse de las víctimas de ambas invasiones.
Guiri: Parece que hace referencia al habla incomprensible de los extranjeros, percibida como un guirigay, que acabó abreviándose con ‘guiri’.
Gitano: Proviene de "egiptano", pues se cree que este pueblo llegó a Europa desde Egipto. Entre los árabes, la voz aramís (gitano) equivale a ladrón. También se utiliza para decir ladrón, traicionero, sucio y tramposo.
Por países, los insultos referidos a la prostitución femenina son más frecuente entre franceses y holandeses (Holanda sobre todo). El acto sexual se utiliza para insultar en Croacia y los Estados Unidos. Los alemanes prefieren referirse a la región anal, los excrementos y los animales. En países como Italia, Francia o Grecia, como ocurre en España, ridiculizan los defectos físicos. Y se centran en la familia, lo españoles además en las facultades mentales. En Noruega se prefiere insultar nombrando a Satanás.
Última curiosidad: resulta que en euskera la mayoría de insultos están en castellano.

Uno de los improperios lanzados en el Primer concurso de insultos:
¿Sabes?: yo podría haber sido tu padre, pero el tipo que estaba a mi lado tenía el dinero exacto.




