El helado dividido entre dos
Era mi último día de parvulario. La profesora nos dijo: "Ahora ya sois mayores, tenéis que prepararos para el colegio". ¿Prepararnos para qué? Tomé aire con fuerza y me miré los dos brazos ¿cuál era mi mano izquierda? La maestra continuó: "Ya no sólo aprenderéis a sumar y restar, sino que debéis saber multiplicar y dividir". La semana que comenzaron con las restas yo había pillado gripe y decidí no prestar atención. La profesora me decía que tenía que aprender a restar, pero yo le respondía que ya lo aprendería en el cole.
Volví a mirar a mis compañeros, algunos llevaban un brazalete rojo en un brazo “Esa debe ser la mano derecha”, pensé. Había escuchado que esa mano era la importante, con la que se hacía todo, a pesar de que mi compañero Sergio escribía con la que no tenía el brazalete. Era raro.
Cuando empecé el colegio repasaron las restas, después añadieron divisiones y multiplicaciones al intelecto infantil. La asignatura que menos me gustaba era Religión, no entendía por qué motivo algunos compañeros iban a otra clase. Yo quería ir a esa otra clase en la que no se hablaba de un señor que decidía sobre el mundo. En quinto nos dijeron que ya teníamos edad para poder escoger nosotros mismos. Y pedí el cambio. La profesora me dijo que me lo pensara, que igual no me acoplaba a la dinámica du una clase con niños que llevaban años dando la otra asignatura. Entonces recordé lo de las restas y decidí quedarme. Al año siguiente volví a pedir el cambio y no acepté más rezos.
Cuando tenía que decidir siempre me acordaba de aquel primer helado que me compró mi padre: "De qué lo quieres". Sin dudarlo: "De chocolate". "¿Estás segura?" "No. Creo que de vainilla". Cuando la heladera iba a colocar la bola en el cucurucho aclaré: "Mejor de chocolate". Cuando salí de la heladería me pregunté: "¿Que hago con este helado si la vainilla es mi sabor preferido?". A partir de ese día siempre que compraba un helado pedía que dividieran la bola en los dos sabores.
Al cumplir los 13 tenía que elegir otra vez. Mi prima decía que hiciera algún módulo de FP, que BUP era para superdotados y empollones repelentes. Ella es Guardia Civil, de la misma promoción que el hijo o nieto de Tejero (no recuerdo bien el grado de parentesco). Esther decía estar muy contenta con su profesión. Estuve mirando y ningún ciclo de grado medio me convencía, porque, en realidad nada me convencía. Yo quería ser conductora de camión.




