La flor de pétalos impares

Esta semana me encontré en el metro con Gloria, una compañera de instituto a la que hacía muchos años que no veía. En clase la mayoría pensaban que era muy rara, estudiaba un curso de japonés y le gustaban los dibujos manga, otros pensabamos que era superdotada. Después hicimos la misma carrera, recuerdo que ella quería ser escritora, pero ahora trabaja en una agencia de viajes japonesa y visita muy a menudo a los nipones.

Con su encuentro me encontré de nuevo con aquella época de notas variadas y oscilantes. Era normal que en los exámenes de Filosofía escupiera el temario de una tacada, sin comas ni puntuación. La profesora me llamaba entonces “autómata”, pero ella no sabía que eso sólo lo hacía en su asignatura… y desconocía el motivo.

En Matemáticas nunca atendía. Una vez me entregaron la hoja de examen, dibujé en ella una flor y se la devolví al profesor, que vestía siempre una bata blanca. Salí de clase pensando que si se daba cuenta de que los pétalos dibujados eran impares, llegaría a la conclusión de que al menos había entendido algo de su asignatura.

Tuve suerte el útimo año de bachillerato, cuando el profesor utilizaba en los exámenes los mismos ejercicios que habíamos resuelto previamente en clase, de modo que memorizaba los números subrayándolos de diferentes colores según iba resolviéndose la incógnita. El profesor me decía que podía seguir sacando sobresalientes en matemáticas con ese sistema, pero que en Selectividad tendría suerte si llegaba al 3.

Sin embargo, donde más números memoricé fue en Historia. Había muchas fechas y decretos. Para mí todos eran importantes. El día del examen el profesor elegía el tema a desarrollar escogiendo al azar una bolita con un número. Después comenzaba la carrera de fondo en la que debía darte tiempo a plasmar sin resumir todo lo que había en el libro. Además, en este exámen sí utilizaba comas y puntos.

Yo el recreo lo pasaba con Lourdes, Zulima y dos compañeros más cuyo nombre no consigo recordar. En las vallas se situaban los chandaleros y los empollones a las puertas de el edificio. Los chandaleros llevaban ropa muy cara, normalmente de marcas estadounidenses. Los empollones vestían del Eroski.

Mi profesor favorito era Víctor, daba Historía, Ética y Cultura Clásica. A mí nunca me dió Cultura Clásica porque yo siempre escogía la optativa de Música. Una vez me pidió grabar mi voz en el contestador automático de su móvil para que así la gente pensara que tenía secretaria. Me lo encontré hace unos meses en la manifestación por el asesinato de Carlos Palomino. No he vuelto a verlo desde entonces.