Contradictoria casualidad

A veces no nos damos cuenta de que las contradicciones vienen producidas por casualidades. O al contrario. Y eso es lo que le da belleza a la vida.

Nunca sabemos si las casualidades son contradicciones de la probabilidad de que algo suceda o si son más bien un juicio subjetivo aplicado a un momento. Hay muchas formas de que se dé la espalda al destino causando una rotura en el devenir establecido.

Mis padres se conocieron en Holanda justo cuando mi madre había dejado a un sueco y mi padre a una mejicana. Al volver a España, se encontraron de nuevo por puro azar… y contradictoriamente se casaron. Paradójicamente, porque ella amaba el civismo de los nórdicos y él la sumisión de las mujeres del sur.

Casualidad es que el pasado verano encontrara en Tallín a un italiano que conocí en Bruselas o coincidiera en el Metro con una vasca que me encontré en Helsinki. Contradicción es que en ningún caso intercambiáramos direcciones. Dicen que hay personas que se conocieron en un vagón de tren y que ahora son inseparables y otras que estudiaron en el mismo colegio y no volvieron a verse.

Fue casualidad que inaugurara este blog y contradictorio que lo bautizara con el nombre de una película que ni siquiera había visto. Muchas de las decisiones se toman en función del tiempo que tengas para reflexionarlas. Si me hubiera tomado un minuto más, no estaría escribiendo estas líneas.

Sorprendente fue tener aquel sueño: una ciudad que indefinida visualizaba desde la lejanía, rodeada de montañas nevadas, llena de casas con tejados de colores y barcos que atracaban en el puerto. Casualidad fue encontrar un día una foto igual que aquel lugar y contradictorio que desde aquel momento intentara ir y todavía no lo haya hecho.

La vida gira entre esos dos polos, y entre muchos otros. Unos lo llaman suerte, otros cenizo. Hay quien dice que nada es casual, sino causal, Aristóteles estaba seguro de ello. Pero el día que se desafían las leyes de la probabilidad es cuando descubres que las casualidades cambian vidas de forma contradictoria.

reykiavik

Marte reclama su derecho a la autodeterminación… y también Plutón

Askatu Marte

Hoy el Sistema Solar se ha levantado con un sobrecogedor comunicado que llega desde el planeta rojo. Los miembros del Comando Marciano solicitan su derecho a autodefinirse como pueblo: "No admitimos más opresiones por parte del gobierno nacionalista solar". Por ello, si no se cumplen sus expectativas llevarán a cabo nuevas acciones violentas. Entre sus reivindicaciones se encuentran tambien la liberación incondicional de marcianos que la NASA (La Tierra) oculta en sus laboratorios y a los que viene sometiendo a torturas a diario.

Los objetivos que han señalado esta vez son: El Sol, Mercurio, Venus, La Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Urano. De momento mantienen su tregua en Neptuno por su lejanía, ya que han admitido no contar con el apoyo logístico necesario para alcanzarlo. También ha recalcado que el Sol y la Tierra consitutyen objetivos prioritarios y en ellos centrarán todo su poder armamentístico.

Al mismo tiempo que se recogía dicha noticia, un antiguo miembro planetario, Plutón, volvía a reivindicar su derecho a la reintegración en el sistema en calidad de planeta.

Plutón se encuentra inmerso en una profunda depresión desde que la Unión Astronómica Internacional aprobara en agosto de 2006 la resolución 6A, por la cual se le degradaba a la categoría de "planeta enano" y se le reconocía como el prototipo de una nueva categoría de objetos transneptunianos.

Por su parte, la asociación interestelar sin animo de lucro "Planetas sin fronteras" ha denunciado en multitud de ocasiones el maltrato psicológico al que está siendo sometido el ex-planeta y los insultos que sistemáticamente ha tenido que soportar: "No es ético marginar de ese modo al objeto trasneptuniano alegando su enanismo"

Pobre Plutón

Nunca llueve asteroides al gusto de todos.

Un texto insultivo para el ser humano (Parte I)

Al ofender a alguien algunos prefieren utilizar un calificativo que tenga una base sobre la cual apoyar su dolido ego tumbado, provocando con él una burla tenaz y sometiendo así a escarnio público al sujeto al que se dirige. Otros por el contrario prefieren los improperios lanzados a la ligera, más adaptados al irracionalismo de la difamación. Y de esos me gustaría hablar.

Muchas veces me he preguntado por qué insultamos y de qué depende el tipo de insulto. Por ejemplo:

Mofa es una burla que suele ir acompañada de risas; Escarnio, otra burla, pero más tenaz ,que se hace con el propósito de ofender. Insolencia es la pérdida del respeto hacia alguien. Por otro lado están los improperios, que son injurias de palabra, en los que echamos a alguien en cara aquello que quien lo lanza quería mantener en secreto; o las injurias, ultraje verbal mediante desprecio o incluso maltrato. Finalmente está la ofensa que es insulto inmerecido. Podría seguir pero "No me sale de…".

Luego están los oprobios, denuestos, agravios, calumnias o difamaciones. Pero me centro en los más simples, los que se dicen con la misma facilidad con la que damos los buenos días de manera automática. En definitiva, los que menos daño hacen. En España se abusa de tres insultos que debido a su excesiva utilización ya nos resbalan, ni siquiera los oímos. Por orden de utilización:

1. Cabrón: Marido engañado o que consiente en el adulterio de su mujer; llamamos también cabrón al rufián, individuo miserable y envilecido que vive de prostituir a las mujeres.

2. Hijo (de) puta. Hideputa, fijoputa. Es término con el que se afrenta a quien de hecho es hijo bastardo, ilegítimo o espurio, recordándosele sus orígenes. Fue insulto grave, y ofensa que requería satisfacción, y durante mucho tiempo el más violento y soez (salvo en  Andalucía donde se considera así a una persona con suerte).

3. Gilipollas: Deriva del árabe gihil, que es bobo, muy utilizada entre los hablantes de la España musulmana. El vocablo pasó al romance: gilí, sujeto ignorante y aturdido. Otra acepción del vocablo "gil" hace referencia al antropónimo "Gil", por entenderse ser éste una especie de antonomástico de "lelo, imbécil, infeliz".

Algunos gentilicios muy utilizados también:

Gabacho: tiene su origen en la papada del cuello que se atribuía a los naturales de los Alpes.
 
Yanqui: derivado de Janke, forma familiar de Jan (Juan en holandés). AL principio designaba a los primeros colonizadores holandeses. Se pudo formar a partir de ‘Janke’, nombre muy extendido entre ellos.
 
Polaco: Se nombra despectivamente a los catalanes. Proviene de la coincidencia temporal el año 1939 de la ocupación franquista de Cataluña y la ocupación nazi de Polonia, lo que habría inducido a los militares españoles de la época a hacer este paralelismo con el fin de reírse de las víctimas de ambas invasiones.

Guiri: Parece que hace referencia al habla incomprensible de los extranjeros, percibida como un guirigay, que acabó abreviándose con ‘guiri’.

Gitano: Proviene de "egiptano", pues se cree que este pueblo llegó a Europa desde Egipto. Entre los árabes, la voz aramís (gitano) equivale a ladrón. También se utiliza para decir ladrón, traicionero, sucio y tramposo.

Por países, los insultos referidos a la prostitución femenina son más frecuente entre franceses y holandeses (Holanda sobre todo). El acto sexual se utiliza para insultar en Croacia y los Estados Unidos. Los alemanes prefieren referirse a la región anal, los excrementos y los animales. En países como Italia, Francia o Grecia, como ocurre en España, ridiculizan los defectos físicos. Y se centran en la familia, lo españoles además en las facultades mentales. En Noruega se prefiere insultar nombrando a Satanás.

Última curiosidad: resulta que en euskera la mayoría de insultos están en castellano.

 
Insultos

Uno de los improperios lanzados en el Primer concurso de insultos:

¿Sabes?: yo podría haber sido tu padre, pero el tipo que estaba a mi lado tenía el dinero exacto. 

La diversidad igualada en el imperio de la “tolerancia”

Cuadernos Rubio 

“¿Qué estás mirando por la ventana? La clase está aquí”. La profesora siempre le hacía la misma pregunta. Cuando no estaba observando a la gente que a diario pasaba a la misma hora por la misma calle, miraba el reloj esperando que las manillas indicaran el final de la clase.

Siempre había que escuchar las órdenes del profesor que con energía les explicaba los nuevos conocimientos. No había lugar para el debate. Se podía preguntar, pero cuando la duda era considerada demasiado enrevesada, ni siquiera se molestaban en contestarla. Detrás de toda mentira comprensible se hallaba una verdad incomprensible que no teníamos por qué saber.

Todos llevábamos los mismos libros, los mismos cuadernos y nos obligaban a escribir igual, tu letra debía tener la misma grafía y te ordenaban ensayarla por medio de unos cuadernillos verdes.

Los exámenes eran los mismos para todos y con ellos separaban a los "válidos" de los “no validos”: eres apto para continuar y si no lo has aprendido deberás hacerlo de nuevo hasta que lo interiorices.

Si hablas en clase, deberás copiar 200 veces “No debo hablar en clase con mis compañeros, porque esa actitud entorpece la impartición de la asignatura tan importante para nuestra formación” (era curioso cómo se contaban minuciosamente las frases como si el profesor se fuera a molestar en descubrir que había 180 en vez de 200).

Con todo aquello, los niños aprendieron la lección. Si alguien no era como el resto, se le marginaba, como aquel niño que era el único en clase de gimnasia rítmica, la niña que quería jugar al fútbol o aquella que hacía demasiadas preguntas y llevaba la contraria a todos.

La sociedad occidental ha ido exterminado el peligro de la diferencia para transformarla en di-versidad, teniendo en cuenta su etimología: "di" es separar y "vertere" verter, es decir: separar los vertidos que se tiran en el mismo contenedor.

De pronto aumenta la sinonimia y disminuye la polisemia, y eso lo aprendemos desde la escuela, y es así como logramos utilizar una obediencia mecánica, porque, ya hemos olvidado las razones que nos empujan a obedecer. Algunos han ido contracorriente pero también otros han intentado adaptarse arrastrados por la presión social.

De momento la inmensa mayoría tiene una vida de patatas: nacen, crecen y mueren en el mismo huerto. El deseo de la estabilidad laboral se plasma en el aumento de personas que quieren acabar como funcionarios obedeciendo a un Estado, sea cual sea su Gobierno, del mismo modo que lo hicieron cientos de funcionarios alemanes que de 1933 a 1945 siguieron con su trabajo de forma normal. Pero no sólo los  funcionarios, sino toda aquella gente que marginó a aquellos que se señalaban como diferentes por el Estado, como hace la escuela cuando señala al diferente escondiendo su actitud bajo un manto de palabras de igualdad y tolerancia.

Te preparan para una economía de mercado en la que tendrás que competir, sacar mejores notas que tu compañero de trabajo para así ascender en tu puesto o serás castigado, despedido.

Decía Ciorán que la docilidad convierte a los hombres en "aspirantes a la dignidad de monstruos".

El helado dividido entre dos

Era mi último día de parvulario. La profesora nos dijo: "Ahora ya sois mayores, tenéis que prepararos para el colegio". ¿Prepararnos para qué? Tomé aire con fuerza y me miré los dos brazos ¿cuál era mi mano izquierda? La maestra continuó: "Ya no sólo aprenderéis a sumar y restar, sino que debéis saber multiplicar y dividir". La semana que comenzaron con las restas yo había pillado gripe y decidí no prestar atención. La profesora me decía que tenía que aprender a restar, pero yo le respondía que ya lo aprendería en el cole.

Volví a mirar a mis compañeros, algunos llevaban un brazalete rojo en un brazo “Esa debe ser la mano derecha”, pensé. Había escuchado que esa mano era la importante, con la que se hacía todo, a pesar de que mi compañero Sergio escribía con la que no tenía el brazalete. Era raro.

Cuando empecé el colegio repasaron las restas, después añadieron divisiones y multiplicaciones al intelecto infantil. La asignatura que menos me gustaba era Religión, no entendía por qué motivo algunos compañeros iban a otra clase. Yo quería ir a esa otra clase en la que no se hablaba de un señor que decidía sobre el mundo. En quinto nos dijeron que ya teníamos edad para poder escoger nosotros mismos. Y pedí el cambio. La profesora me dijo que me lo pensara, que igual no me acoplaba a la dinámica du una clase con niños que llevaban años dando la otra asignatura. Entonces recordé lo de las restas y decidí quedarme. Al año siguiente volví a pedir el cambio y no acepté más rezos.

Cuando tenía que decidir siempre me acordaba de aquel primer helado que me compró mi padre: "De qué lo quieres". Sin dudarlo: "De chocolate". "¿Estás segura?" "No. Creo que de vainilla". Cuando la heladera iba a colocar la bola en el cucurucho aclaré: "Mejor de chocolate". Cuando salí de la heladería me pregunté: "¿Que hago con este helado si la vainilla es mi sabor preferido?". A partir de ese día siempre que compraba un helado pedía que dividieran la bola en los dos sabores.

Al cumplir los 13 tenía que elegir otra vez. Mi prima decía que hiciera algún módulo de FP, que BUP era para superdotados y empollones repelentes. Ella es Guardia Civil, de la misma promoción que el hijo o nieto de Tejero (no recuerdo bien el grado de parentesco). Esther decía estar muy contenta con su profesión. Estuve mirando y ningún ciclo de grado medio me convencía, porque, en realidad nada me convencía. Yo quería ser conductora de camión.

Juno, la comprensión y los prejuicios

A veces recordamos las películas más que por su contenido, por la situación en la que las vimos. Y eso me sucede con Juno. Hace unos meses realizaba el trayecto Bangkok-Madrid, había pasado la noche en el aeropuerto de la capital tailandesa, donde se quedaba Iker, que iría a Camboya al día siguiente. Desde el avión se veían los dos monstruosos centros comerciales que posee Bangkok, tan parecidos al que muestra José Saramago en "La Caverna", donde se podría vivir y no salir jamás, donde el aire acondicionado te hace sentir estar en Groenlandia más que en el sudeste asiático y donde al salir siempre acabas con dolor de cabeza. Tras el primer vuelo tenía 12 horas de escala en Qatar. En ese tiempo recapitulas imágenes del viaje y de tu vida, pero también del trayecto que acabas de hacer. El avión tenía una pantalla interactiva donde podías elegir una película de una pequeña colección. En las pantallas de casi todo el mundo se reflejaba la imagen de una chica adolescente embarazada, parecía Juno, la película cuyo cartel era el de la típica comedia americana que tan poco me interesa. La gente decía que estaba bien, pero con ese cartel yo no me fiaba. Al tomar el siguiente vuelo que me llevaría a Madrid busqué en la pantalla la película, estaba en inglés, pero ayudaban los subtítulos en árabe. Tardé unos meses en descargarla, esta vez subtitulada en castellano. El acento americano es horrible, no te enteras de nada y lo mejor de todo es cuando crees comprenderlo, luego ves la película y te das cuenta de que no pillaste un carajo de muchas situaciones. Sin embargo, es divertido comparar lo que "creíste que era" con aquello que realmente "era". A menudo en la vida nos pasan estas cosas, con la diferencia de que no podemos descargarnos de Emule la versión traducida a nuestro entendimiento de lo que pasó en realidad Sin irme por las ramas, la película no era la típica comedia americana como pensé, sorprendentemente no estaba tan mal y eso es algo que ya me había pasado con American Beauty y las Virgenes suicidas, curiosamente las tres tratan el tema de los prejuicios, lo que crees que es y no es y la falta de comprensión. Y contra esos elementos luché cuando vi la película de Juno. Prejuicios

“Pensamos que están locos”

El psicólogo Carl Jung relata que un jefe indio le dijo una vez: “Los blancos siempre estan buscando algo ¿Qué es lo que buscan? Siempre están nerviosos. Pensamos que están locos”

Decía otro científico que “Los seres humanos se dedican a destruir la naturaleza en la que viven, es una especie peligrosamente loca y muy enferma”

…Y el siguiente documental de Redes dice que todos los objetivos del hombre que espera algo están destinados al fracaso por encontrarse sujetos a la ley de la impermanencia.


La flor de pétalos impares

Esta semana me encontré en el metro con Gloria, una compañera de instituto a la que hacía muchos años que no veía. En clase la mayoría pensaban que era muy rara, estudiaba un curso de japonés y le gustaban los dibujos manga, otros pensabamos que era superdotada. Después hicimos la misma carrera, recuerdo que ella quería ser escritora, pero ahora trabaja en una agencia de viajes japonesa y visita muy a menudo a los nipones.

Con su encuentro me encontré de nuevo con aquella época de notas variadas y oscilantes. Era normal que en los exámenes de Filosofía escupiera el temario de una tacada, sin comas ni puntuación. La profesora me llamaba entonces “autómata”, pero ella no sabía que eso sólo lo hacía en su asignatura… y desconocía el motivo.

En Matemáticas nunca atendía. Una vez me entregaron la hoja de examen, dibujé en ella una flor y se la devolví al profesor, que vestía siempre una bata blanca. Salí de clase pensando que si se daba cuenta de que los pétalos dibujados eran impares, llegaría a la conclusión de que al menos había entendido algo de su asignatura.

Tuve suerte el útimo año de bachillerato, cuando el profesor utilizaba en los exámenes los mismos ejercicios que habíamos resuelto previamente en clase, de modo que memorizaba los números subrayándolos de diferentes colores según iba resolviéndose la incógnita. El profesor me decía que podía seguir sacando sobresalientes en matemáticas con ese sistema, pero que en Selectividad tendría suerte si llegaba al 3.

Sin embargo, donde más números memoricé fue en Historia. Había muchas fechas y decretos. Para mí todos eran importantes. El día del examen el profesor elegía el tema a desarrollar escogiendo al azar una bolita con un número. Después comenzaba la carrera de fondo en la que debía darte tiempo a plasmar sin resumir todo lo que había en el libro. Además, en este exámen sí utilizaba comas y puntos.

Yo el recreo lo pasaba con Lourdes, Zulima y dos compañeros más cuyo nombre no consigo recordar. En las vallas se situaban los chandaleros y los empollones a las puertas de el edificio. Los chandaleros llevaban ropa muy cara, normalmente de marcas estadounidenses. Los empollones vestían del Eroski.

Mi profesor favorito era Víctor, daba Historía, Ética y Cultura Clásica. A mí nunca me dió Cultura Clásica porque yo siempre escogía la optativa de Música. Una vez me pidió grabar mi voz en el contestador automático de su móvil para que así la gente pensara que tenía secretaria. Me lo encontré hace unos meses en la manifestación por el asesinato de Carlos Palomino. No he vuelto a verlo desde entonces.

Sólo ves aquello en lo que crees

Es lo que argumenta la película-documental ¿Y tú qué sabes? la cual realiza una interesante reflexión sobre la mente y su relación con la realidad.

Es sabido que la creencia (lo que ves) es independiente de la existencia, y ese es el motivo de que el cerebro sólo procese un 10-15% de lo que está pasando fuera.

Yo también de pequeña pensaba que la Tierra era plana y cuando me explicaron en el colegio su redondez, caminaba por la calle pensando que dibujaba con mis pasos una curva cerrada y andaba con cuidado de no caerme al vacío. Luego me dijeron que el planeta era tan grande que esa curva era inapreciable para nosotros.

Después surgieron otras preguntas y, cuando he creído encontrar respuesta, he visto una realidad tan diferente que diría que lo que había observado antes era tan sólo ilusión. Quizás en un futuro piense lo mismo de lo que veo ahora. O quizás no.


Comienza el partido: mostramos las alienaciones, perdón, alineaciones

Creo que es digna de recordar aquella final Alemania-Grecia, donde las ideas fueron la mayor estrategia para triunfar en el terreno de juego. Disfrútenla.