Los vallekanos ya somos ciudadanos de segunda

Parece que ya es oficial. Los habitantes de Vallekas* podemos por fin decirlo con todas las de la ley. Don Alberto Ruiz Gallardón y su gran amiga y confidente Esperanza Aguirre han hecho todo lo que ha estado en su mano para darnos esa ansiada categoría. Gracias a ambos. Y gracias también a todos aquellos franquistas y felipistas que ya desde la anexión a Madrid de 1950 han aportado su granito de arena para colocarnos ahí. Sin embargo, he de decir que merece una mención especial, por su aportación estelar en tan ardua tarea, la concejala del PP, Doña Eva Durán Ramos. Gracias.

Creo recordar que el último gobierno que los vallekanos pudieron votar como pueblo fue durante la Guerra Civil, cuando comunistas y socialistas (de los de antes) compartían Ayuntamiento. Pero eran otros tiempos y a partir de hoy por fin se reconoce ese cambio.

Esta mañana cuando volvía de Segovia paré a desayunar. Sin apenas darme tiempo a asimilarlo me encontré con que decenas de personas ataviadas con camisetas rojiblancas asaltaban el bar. El autocar del que bajaron tenia matricula de Zamora y no paraban de corear cánticos ininteligibles para mí. Intenté pagar mi desayuno pero con tal desfile de gente me fue imposible, así que decidí tomar la opción más rápida: Irme.

Por la tarde divisé esas mismas camisetas en las gradas del estadio de Vallekas. Había mucha agitación, se podía ver a gente viendo gratis el partido subida a las montañas del parque y a los áticos de los edificios. El momento cúspide de emoción para todos ellos pareció llegar cuando Pachón (juro que así se llamaba) marcó un gol.

Esto me hizo recordar mi infacia, cuando disfrutaba con el fútbol. Estaba en el colegio y mi equipo favorito era el barça ¿Por qué el barça? Porque el resto de mis compañeros se dividían entre madridistas y atletistas y necesitaba una opción que me permitiera el placer de poder discutir con todos ellos. Sin embargo, a los 11 años comencé a ir al Estadio de Vallekas. Los viernes a última hora de clase el conserje pasaba con una libreta apuntando el nombre de los que irían el domingo al partido. Siempre era a la misma hora: las 12. Era así porque Real y Atlético de Madrid jugaban por las tarde y estaba prohibido el solapamiento de partidos entre equipos madrileños. No se hacía por sorteo, sino por imposición. El día que vino el barça a Vallekas yo llegué feliz al estadio portando mi bufanda blaugrana. Pero tras la victoria culé, no pude evitar quitarmela, la guardé en la cartera y me compré una rayista. Después empecé el instituto y me hice mayor. No volví a ver un partido.

* Vallekas se escribe con “K” derivada de “Valle del Kas”. Aunque durante la Transición se quiso relacionar con la organización considerada pro-etarra KAS, cuenta la leyenda que un musulmán así llamado dio nombre al valle.